miércoles, 25 de diciembre de 2013

Navidad, Navidad, PUTA Navidad...

Vivimos en un mundo lleno de personas doblegadas bajo la absurda idea preconcevida llamada perfección.

Nos creamos unas expectativas en la vida que, a medida que crecemos, se van esfumando y nos crean todo tipo de decepciones, frustraciones, inseguriddes y demás sentimentos negativos que se nos van cargando en la mochila de la vida, que todos llevamos colgada en la espalda.

Estas navidades, más que nunca, me he percatado de la de objetivos que me había creado, y que por x o por b no he conseguido. El amor no dura para siempre en el mayor número de casos; mi familia quiere que les presente el novio que no tengo; Los chicos de mi edad solo quieren follar, y sí, digo follar porque no quieren meter sentimientos de por medio; la vida dura solo un segundo y mis abuelos no estarán aquí para ver a mis nietos. Se me juzga antes por tener unos quilos de más que por si leo a Dante.

Y me deprimo. Y me frustro. Y me entra el puto bajón de Navidad.

Ale, felices fiestas familia.

martes, 24 de diciembre de 2013

Sin ganas

Y a veces siento como la gravedad me aplasta contra el suelo, cortándome las alas, impidiéndome volar. Gritandome al oido que no hay salida en este pozo de mierda sin fondo. El cuerpo me pesa y me cuesta más moverlo, ni siquiera me apetece hacerlo. Últimamente ya nada me apetece. El bachillerato ha entrado en mi vida como un gigante preparado para romper mi vida en pedazos, pedazos tan pequeños que es imposible hacer nada de los escombros. Todo lo que había construido, convertido en polvo. Mi luz, agotada. Hace un año me moría de ganas de comerme el mundo, y estos meses el mundo se me ha comido las ganas. Me siento como si la vida me hubiera tirado un cubo de agua helada en la cara.

Hoy he mirado a mi primo de tres años a los ojos mientras le hacía cosquillas y reía como un loco, para evitar que se diera cuenta de que su madre estaba llorando en la habitación de al lado. He conocido pureza e inocencia en su mirada, sus ganas de, todo lo que le queda por delante, y he roto a llorar. No hay lugar para esta criatura en un mundo tan frío. No hay nada como vivir ajeno a la realidad, hasta que esta irrompe en tu vida irrevocablemente. No hay nadie que pueda prepararte para eso.

Al fin y al cabo no somos más que pedazos de carne paseando por la coraza de un trozo de pierda perdido en el espacio, creyéndonos mucho y sientiéndonos muy poco. Todos merecemos ser salvados, sí, pero dudo que quede alguien capaz de salvar a nadie. En realidad, todos estamos igual de jodidos. Ya nadie sabe nada.

Siempre ha habido dentro de mi una voz que chillaba que el mundo andaba mal, otra que la consolaba diciendo que todo iba a ir bien. Que las cosas no están tan mal. Que hay mucho bien en este mundo. Que hay amor, hay cariño, hay generosidad. Pero últimamente la primera tiene respuestas para todo, cargándose cualquier solución que propusiera la segunda. Hay amor, si, ¿pero que más es el amor que nuestro desesperado intento de dar sentido a nuestra vida y convencernos de que en realidad no estamos tan solos como nuestro subconsciente nos hace sentir?

Hace unos años sentía que el mundo era demasiado pequeño para mi. Que no estaba preparado para las grandes cosas a las que estaba destinada. Y ahora lo entiendo, ahora miro a mi alrededor y lo se: el mundo es muy grande, y yo, muy pequeña.

Y ya no queda nada por lo que luchar: ni motivos, ni ganas.

Eres mi rincón favorito de Madrid

No hay destino que valga cuando hablo de ti, 
no hay rutinas ni horarios, 
no hay frases hechas ni textos predeterminados. 

Cuando hablo de ti hay poco tiempo,
besos incontables, 
te quieros susurrados,
manos entrelazadas, 
miradas de reojo,
viajes en coche, 
aeropuertos, estaciones de tren,
Madrid,
Barcelona.

Cuando hablo de ti hay paz,
                                           hay amor.

Cuando hablo de ti hay días cortos que nunca terminan
o noches largas que siempre despiertan. 

Cuando hablo de ti deseo tocarte, 
comerme la distancia que separa tus labios cortados de los míos. 
Cuando hablo de ti hay 700 kilometros entre tu aliento y mi oreja. 

Y ojalá fuese más fácil hablar de ti. Hablar de ti contigo, 
con esa carilla de tonto que pones cuando te beso. 
Y, porqué no, hablar de ti conmigo. Hablar de ese nosotros que siempre nos ha hecho miedo. 
Hablar de sentimientos y de corazones atravesados cuando no puedes mirarme. 
Hablar de llaves de la vida como amuletos y peluches para conciliar el sueño.
Hablar de sentirnos cerca cuando no estas,
                             siempre contigo,
                             pero sin ti. 

Y hablar de amar, a día de hoy,
                          si no es contigo,
                                    es tontería. 




miércoles, 11 de diciembre de 2013

El cielo está encapotado, ¿quién lo desencapotará?

Hoy he mirado al cielo detenidamente en vez de a mis pies mientras andaba de regreso a casa, y me he fijado en que parece que viva dentro de una pequeña bola de cristal, de esas que venden como souvenir en Rusia, sí. Las que tienen pequeñas partículas blancas en su interior que hacen la función de nieve. Ésta cubre ligeramente una casa perfecta, con algún animalillo perfecto dentro, o tal vez una pareja perfecta, o yo qué sé. Algo realmente bonito, que te hace pensar en la belleza de las cosas.

Pero aquí no hay nieve.
No hay animalillos adorables.
No hay pareja perfecta.

Y aún así, he reducido el paso para caminar más lentamente y poder observar detenidamente pequeños detalles. He llamado a mi hermana por teléfono y hemos hablado durante una hora de nada, riendo a más no poder, contándonos anécdotas. He visto como un chico con dificultad para caminar intentaba llegar antes que yo a su destino, y con una sonrisa, hemos hecho una carrera silenciosa hacia un mismo punto, siguiendo distintas rutas. Me he fijado en un chico joven, en el metro, que era tan alto que tenía que encorvar el cuello para caber dentro del vagón. He notado la cara de aprobación de un señor mayor cuando he sacado un libro del bolso y me he puesto a leerlo. He dormido la siesta cuando el cuerpo me lo pedía. He hecho planes con mi padre para ir al cine. Y todo esto, me parece bonito. Espléndido... Maravilloso.

Hoy he saboreado la vida de otra manera; he comprendido lo que significa vivir.

Y aún así, no me quito esta sensación del cuerpo. Esta que me dice que algo anda mal, que no todo es tan bello como quiero creer. Que algo sucederá.


Tengo miedo...

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mi primera vez.

A lo largo de estos casi 19 años he experimentado muchas primeras veces: la primera muerte de un ser querido (el canario de mi abuelo), mi primera obsesión por algo (Harry Potter), la primera regla,  la primera vez que pruebas algo (Sushi), la primera vez que te dejas influenciar (tabaco y alcohol).... Y ahora, aunque no es de las más importantes, la primera vez que tengo sexo con un hombre.

Alguien muy especial me dijo hace poco que el concepto de "perder la virginidad" o que "te arrebaten la virginidad" está mal construido. No perdemos ni nos sacan nada, es un acto (la mayoría de las veces, no quiero entrar en detalles macabros acerca de verse forzado a mantener relaciones sexuales) al cual nos entregamos voluntariamente, con una persona que se gana de tal manera nuestra confianza, que nos mostramos tal y como somos. No solamente desnudamos nuestros cuerpos, también desnudamos nuestras almas para la persona que compartirá un momento tan especial como es el sexo.

Es verdad que siempre es mucho mejor si hay amor de por medio, sin duda, pero... ¿habéis experimentado alguna vez la sensación de que lo único que podría aliviar tu estado de nerviosismo y excitación es una buena sesión de sexo?

Hoy, día 29 - 30 de Noviembre de 2013, he dejado atrás mi celibato, con alguien que en poco tiempo me hizo sentir segura, no me hizo sentir avergonzada de mi cuerpo, me quitó las inseguridades con sus labios y sus manos, y me arropó con el calor de su cuerpo hasta que estuve preparada. Me proporcionó todo tipo de atenciones, fue cuidadoso y atendió todas mis necesidades y mis exigencias, sin rechistar, encantado.
¿Dolía? Al principio, sí. Aunque estaba lista, es algo que no había estado nunca en mi cuerpo, y me tenía que acostumbrar a ello. Pero del dolor, pasó a ser una sensación agradable (no placentera), que echaba de menos cuando él salía de mí. Digamos que los nervios me impidieron llegar a la bajada de una montaña rusa muy empinada. La sensación del clímax no acabada de llegar, pero de eso ya se encargó él después. Y lo único que puedo decir ahora, dos horas después, es que estoy tremendamente EXHAUSTA. Probamos distintas posiciones, pero sin duda, estar abajo y notar el peso de otro cuerpo encima de mi pecho fue la mejor.

¿Me arrepiento? Para nada. Ya sé lo que es. Y es un acto de una inmensa confianza. Me siento liberada, como si el perro que siempre me perseguía cuando pensaba en mi virginidad, con ese estúpido cartelito colgando de su cuello donde se especificaban las palabras "virgen", "inexperta", "novata", "no deseada" y muchas más, se hubiera esfumado con el rabo entre las piernas.

Me llevo un muy buen recuerdo de esta primera vez, y aunque fue fruto del momento e improvisamos sobre la marcha, fue lo suficientemente especial como para sentirme bien conmigo misma sobre lo que hice.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Happy birthday

Have i ever told you that i love you?
Of course i have, what a stupid question. A million times, and it will probably have been a million more by this time next year.
Because its true, I love you.
I love you for so many reasons i lose track.
Remember that night at JFK? When we just lied there in the grass and talked and looked at the stars of a summer night, our legs intertwined. A year later we watched the same stars lying on a different grass, different country, an ocean away from that place we once loved. So much had changed but still everything remained the same.
And we learnt that the smartest people are the saddest because they understand the reasons.
And you taught me, that a hug from the right person at the right moment is worth so much more than a thousand words of support.
And you showed me that there's no need to talk 24/7 to know you're there for me, no matter what.
And you whispered that crying doesnt make me weak.
And together we learnt that both the happiest and the saddest moments happen at airports.
And you told me that when someone else's happiness is your happiness then thats what we call love.
Ria, I love you. I love you because you know me better than I do. I love you because of the big smile that appeared in your face when you saw me at the airport. I love you because dan and phil, and sherlock, and hannibal, and our broken hearts because of supernatural. I love you because of the chicken wings and the green, because of the pancakes at ihop. I love you because of all the pictures we've taken and all the ones we'll take - because yhey never seem to be enough, do they?-. I love you because of your pink hair, and math class, and mr soto's ass.
I love you because you care.
My love, I love you because you feel like home.
You are the most beautiful, perfectly imperfect, nicest in a really fucked up kind of way, human being i've ever met.
Maybe the human race is not so bad after all.
Point being,
Happy birthday babe.
Love,
Clara

martes, 26 de noviembre de 2013

Saying goodbye

Nothing tastes as bitter as goodbyes feel.

Do you know that exact moment when you get on the plane, a while after you said goodbye, and it suddenly hits you: you don't know how long it's gonna be until you see that person again, you're going back to skype and facebook messages, you're losing them once again.
And then you feel it, at that exact moment you literally feel your heart breaking and suddenly you can't breathe. The pain becomes phsical, you can feel your chest exploding, you feel your eyes getting filled by tears. But you don't cry. You just stay there, really still and really quiet, hoping for it all to go away.
Knowing there might be other people in that plane, feeling the exact same thing and suffering in silence.
You promise to yourself that you won't lose it. You save the tears for later. You know you're gonna break down as soon as you go to bed and you're all alone with your thoughts, when no one can see or hear you cry.
You hate how much they mean to you, how impractical you are for getting attached to someone who lives so far away from you. How can you be expected to go back to your regular life after being reminded each and every reason why you need that person next to you?
You remember how excited you were about seeing them again, how long you'd been looking forward to this, and now suddenly it's over. How long is it gonna be this time? Three months? Five? Seven? Maybe you have a fight, or something happens, and you never see each other again. Only even thinking about that makes you sick.

And then, all of a sudden, you're not angry nor sad, not even frustrated. You just feel... numb.


There's nothing worse in this world than having to say goodbye to someone you care about, and some of us have done it way too many times.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Una palabra que empieza por M.

Ha pasado casi un mes desde que "el cambio" empezó.

"El cambio" implica una reforma interna, un reseteado, ese esperado cambio de chip. Implica sacar todo aquello que una vez me callé, toda esa negatividad acumulada, ese dolor interno que me guardaba para mí. Sin mirar atrás.

Sin pensar en las consecuencias.

Y lo hice. Fui capaz de encontrar los cojones que me faltaban, de darme un empujón y rugir como una leona, y por increíble que parezca, crea un resultado.

Aunque no ha sido 100% bueno, la verdad sea dicha.

Aquellas personas que me ayudaron a cambiar, ahora las siento distintas. Aparentemente, nada ha cambiado; pero sé que no me siento igual cuando pienso en ellas (este ha sido el cambio negativo).

En cambio, han aparecido otras personas que me plantean una serie de cambios nuevos, que me dan el empujón sin tan siquiera preguntarme si lo quiero, porque saben que es lo que realmente necesito, y me deja anonadada. Es increíble lo que puede pasar cuando las personas conectan. No hay necesidad de palabras, ellas saben de lo que hablo.

Y luego está ÉL. Un día, dejó de ser mi mundo, todo aquello que importaba desde que amanecía hasta que anochecía en mi vida. Y ¡PUFF!. Ya no está. Ya no duele mirar atrás, ni pensar en él, ¡al contrario! Hasta me hace gracia y lo recuerdo con ternura...
Lo pava y niña que era en cuánto a lo que él se refería, a mi inseguridad y mi indecisión. A las reacciones taaaaaan adolescentes que tenía. Y se me pone una sonrisa en la cara cuando pienso en los últimos dos años. 

Pero, ¿por qué? Hace un mes, era incapaz de seguir adelante si él no estaba en mi vida, y ahora... ¡VUELVO A REÍR! Es una sensación tan agradable poder recordar todo aquello que alguna vez te causó daño con un poco de humor... Me siento una anciana que mira hacia su juventud y disfruta del viaje al pasado (aunque no sea muy lejano). 
Y lo único que se me ocurre, es que he aprendido a aceptar que tengo mi parte de niña, que no lo sé todo al fin y al cavo, que me quedan muchísimas cosas por vivir, que aunque la vida sea corta estoy en el principio y aún me queda muchísimo tiempo, que tengo derecho a equivocarme y a rectificar. Y a esta aceptación que tanto me ha costado hacer creo que se la conoce como "madurar".

M A D U R A R. Uau. Qué palabra. Esperemos que sepa cómo lidiar con la calma que me he concedido a mí misma y que piense dos veces antes de actuar. Pero de esto trata la vida, de vivirla. De hacerlo lo mejor que lo sepamos hacer. 

Qué jodía ella, no me ha dejado darme cuenta de todo esto hasta ahora. ¡Cabrona! :)

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ayer te eché de menos

Ayer te eché de menos y no se porqué. 
Después de unas semanas de paz y de repetirme que todo iba a ir bien, vuelve a dolerme escuchar tu nombre. 
Ayer te eché de menos y me pregunté si tú estarías pensando en mi. ¿Piensas en mi a veces?¿Te acuerdas de mí las noches que no está ella para darte calor? Me pregunto si te arrepientes de algo. Me pregunto si me echas de menos, si en algún momento llegué a ser suficientemente importante para ti como para poder llegar a echarme de menos. No hablo de los besos, de Mallorca, de la noche en la playa. Me dejaste claro que eso significó poco para ti. Pero, ¿y lo que tuvimos antes?
Creo saber con un grado elevado de certeza que me consideraste tu amiga, y culpo lo que hiciste en tu falta de inteligencia emocional y de saber afrontar las situaciones.
Ayer te eché de menos, y hoy, con la mente clara, me planteo si me he estado equivocando. Me gustaría hablar contigo, aunque sea una última vez. Atarte a una silla para que no puedas huir de la situación, como estoy segura que te encantaría, y darte alguna pócima para que no puedas mentirme y cubrirlo todo con palabras bonitas; porque sabes que las palabras bonitas me pierden. Porque sabes que te voy a creer me digas lo que me digas si lo dices susurrando y mirándome a los ojos. 
Me gustaría hablar contigo y preguntarte porque desapareciste. Me gustaría saber realmente lo que has pensado todo este tiempo. 
Ayer tuve una noche triste. De esas que estás triste y no sabes muy bien porqué, y no quieres hablar con nadie, solo quieres estar triste en silencio. De esas que estás triste pero no importa, porqué sabes que la pena se habrá ido con el alba. Ayer tuve una noche triste, pero sé que a ti no te importa. Sé que probablemente soy la última persona en la que piensas, y que no te has acordado de mi en meses. Pero yo si que pienso en ti. Ayer tuve una noche triste, y lo único que quería era un mensaje tuyo. Nada romántico, hace tiempo que te dejé ir en ese sentido. Solo un mensaje cualquiera. Contándome tu día, preguntándome por el mío. Lo único que necesitaba era un poquito de tí, un respiro para calmar el síndrome de abstinencia. 
Pero, igual que todas las otras noches, no llegó, y sé que esta noche tampoco va a llegar. 

Estoy intentando dejarte ir, lo juro. Con todas mis fuerzas, pero es más difícil de lo que parece. Tu no lo entenderías, aunque lo intentases, aunque algún día leyeras esto. Lo estoy intentando, te lo prometo. 
Y aun así, aunque hayan pasado dos meses, sigue doliéndome oír tu nombre. Sigo incapaz de sacar tu camiseta de la caja donde encerré todos los recuerdos, todos los trocitos de ti que dejaste atrás. Sigo incapaz de mirar una foto tuya sin derrumbarme. 
Sé que solo hay dos opciones: que vuelvas, poder volver a tenerte en mi vida de cualquier forma, o resignarme y desintoxicarme de ti. La primera no depende de mi, y la otra cada vez me cuesta más creer que lo haga. 

Hoy también te echo de menos, y sé que no estás pensando en mí. 

sábado, 26 de octubre de 2013

Las tres fases



Y con una mirada y un adiós empezó la primera fase, la fase oscura. Cuando yo te hablaba cada día y tú me contestabas cada dos. Cuando todo era negro, vacío y frío, y la única salida posible, el dramatismo. Cuando las noches eran largas y las lágrimas interminables. Creía vivir en un mundo injusto y cruel, que me impedía tener aquello que quería por algo tan sencillo como la puta distancia. Todo el mundo tenía la culpa, cualquiera menos tú y yo. Tú. Tú y tu pelo rizado, tú y tus ojos marrones, tú y tu barba de tres días. Tu cuerpo, tu mente, tu voz, me convencí de que eras perfecto. Y lo eras, a tu manera, perfecto solo para mí, y lo fuiste durante unos días bajo el cielo de Mallorca en una pequeña habitación de hotel con vistas al mar, lo fuiste, perfecto a tu manera y solo para mí. Me convencí de que me querías. Al fin y al cabo, me dijiste cosas bonitas entre las sábanas en una noche clara de luna llena. Al fin y al cabo, las veces que yo te dije no, tú paraste. Al fin y al cabo, dormí contigo esa noche y tú no hiciste más que abrazarme y limpiarme las lágrimas. En mi mente vulnerable, crédula e ingenua, eso no podía significar más que amor.
Y con un frío mensaje y una tarde de positiva inspiración llegó la segunda fase, la fase de aceptación y negación a la vez. Cuando yo te hablaba cada día y tú me contestabas cada tres. Acepté la situación y su realidad, negué mi dolor. Me negué a aceptarlo. Me negué a sentir. “Te han hecho daño, ¿y qué?” me decía a mi misma. “A todos nos hacen daño. Deja de dramatizar”. Acepté que no me querías. Ni siquiera te gustaba. Me dije a mi misma que ni siquiera la palabra amistad habías sido capaz de decirla sinceramente.
Yo te lo había dado todo, me había entregado en cuerpo y alma, me había abierto y te había dado hasta rincones de mi ser que no sabía que existían.
Te lo di todo y tu no me diste nada. No te odié, me odié a mi misma por ser débil y me autocastigué. Empecé a mantenerme ocupada y evitar a cualquier coste pensar en tí. Me convencí de que obviar el tema lo llevaría al olvido.
Y tras muchas noches frías pensando en las estrellas que un día vimos juntos, tras muchas birras con ellas, tras dos largos meses, llegó la tercera fase. Cuando yo desistí y tú dejaste de contestar. La fase de paz. Cuando pensar en ti ya no me retorcía las entrañas ni me provocaba un horrible dolor estomacal, cuando hablar de ti ya no suponía una noche en blanco. Cuando dejé de culpar a nadie; ni a ti, ni a mi misma, ni a la distancia, y aprendí a sacar algo bueno del dolor, porque siempre puedes sacar algo del dolor. Entendí que buscaba afecto y me conformé con sexo. Entendí que tú me quisiste a tu manera igual que yo te quise a la mía. Entendí que sentir no me hacía débil. Que no había motivo por el que sentirse humillada. Entendí que todos sentimos y a veces de formas distintas, y no hay nada que podamos hacer al respecto.
Aprendí que solo porque te miren a los ojos y te susurren palabras de amor en una noche de verano no significa que te quieran, pero que aun así no deberías dejar de creértelas.

Y nunca, en ninguna de las fases, me arrepentí de nada.

martes, 22 de octubre de 2013

Como Dorothy en Oz.

A lo largo de toda mi vida he vivido bajo unas expectativas determinadas que han guiado mis pasos y han condicionado cada una de mis decisiones. Parecía que si seguía los azulejos amarillos, llegaría a Oz. Pero al mirar atrás ahora me doy cuenta de que vivimos bajo un tupido velo de mentiras piadosas, una serie de incentivos que nos brinda la sociedad para ser un poco más felices durante todo lo que dure nuestro camino.
Pero, ¿acaso se me ha preguntado o se me ha dejado decidir? No querría haber vivido esperando un futuro lleno de estabilidad y seguridad, con un título universitario que me otorgaría un trabajo de puta madre, en otra ciudad, donde me enamoraría de un hombre estupendo y maravilloso que querría sentar la cabeza conmigo y formar una família. ¿Y sabéis por qué no querría? Porque esa cazuela de oro al final del arcoiris solamente se encuentra en las historias que un día el señor Walt Disney inventó. ¿Dónde se esconde mi príncipe azul? ¿Dónde está mi fuerza interior? ¿Y mi personaje secundario que me ayuda a tomar todas las decisiones y siempre salen bien? ¿Y mi final feliz? De momento no hay recompensa para las super notas de primaria y de la ESO. No existe la carrera soñada, ni un chico maravilloso que quiera formar parte de mi vida.
Se parece un poco a la decepción que sentimos cuando nos dicen que Papá Noel o los Reyes Magos son nuestros padres en el colegio. No quieres creer a tu compañero de clase, y piensas "qué mierda de infancia ha tenido este niño sin Reyes". Pero la duda permanece ahí, y al final, cuando le preguntas a tus padres si lo que Teo te ha dicho es verdad y te lo confirman con un leve asentimiento de cabeza, todos los esquemas se derrumban a tu alrededor. Pues así es cómo me siento ahora. He desperdiciado 17 años de mi vida luchando por algo que no voy a conseguir y que no estoy segura de que quiera conseguir.
Y aquí llega mi elección: ¡a la mierda la gran mentira! Yo prefiero ser feliz.

sábado, 28 de septiembre de 2013

ANJ

Hoy he vuelto a llorarte a escondidas, a buscarte de reojo en los espejos retrovisores de los coches. Te he imaginado de pie mirandome con esa mirada tuya de triunfador estancado que tanto conozco, estando a la espera de dejar de esperar. Como yo.

Hoy me he acordado de la curva de tu sonrisa bobalicona, de tus hoyuelos, de tus ojos ojopláticos mirando mas allá de la luna. Me he acordado de las canciones y los besos finos, y de tu culo paseando a sus anchas por la habitación del hotel. 

Hoy me he resignado a quererte en silencio, como tantos otros días he hecho. A descansar en las aceras de tus manos sin que a penas te des cuenta, porque tu ya no notas mis caricias y mucho menos mis ausencias. 

Hoy he querido dejar de ser yo por un instante, dejar de releer mis historias una y otra vez para cerciorarme de que son ciertas. Se me ha pasado al darme cuenta de que mis últimos capítulos siguen narrando la calidad de tus labios rotos. 

Hay personas que simplemente vienen y te enseñan a vivir. Y creces y crees en ellas porque ellas mismas te han enseñado a creer. Es inevitable querer a alguien que odia tanto las estaciones de tren. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Topacio como noche

Sé que hubo un momento en mi vida en que me tomaba los golpes como retos y enseñanzas para la vida que vendría en el futuro.

Todos me hablaban de que "los mejores tiempos de mi vida aún estaban por llegar", pero los meses van pasando, y con la tontería 6 años llevo esperando ya.

"La paciencia es una gran virtud", siempre dicen. Pero la vida es muy corta y no tengo más ganas de esperar. No tengo ganas de levantarme cada mañana pensando que hoy será un muy buen día, y que al acostarme, la decepción entre dando saltos en mi cama y me propine hostias descomunales en el vientre y en los ojos, mientras yo no hago nada para defenderme de ellos.

Veo gente a mi alrededor que cumple sus metas, que "maduran" o "progresan adecuadamente", y luego me miro en el espejo y, ¿qué veo? Una chica que ha desperdiciado su vida creando inseguridades a su alrededor, que se ha pasado más de un 95% del tiempo triste y perdida, que no ha tenido cojones para enfrentarse a sus quimeras.

Y no me gusta. Y me harto. Y me revelo contra mí misma. Pero al día siguiente todo vuelve a su cauce natural.

No hay nuevas metas, ni nuevas motivaciones. Solamente hay problemas, líos, comidas de olla totalmente innecesarias, y vuelta a empezar.
Las noches eternas que una vez tanto amé, se han transformado en un infierno personal. Por la mañana me arrastro cual zombie en medio de una plaga o una invasión, esperando a que llegue la noche para encontrar un poco de paz y reposo, pero cuando el manto de oscuridad se extiende, soy incapaz de dormir.

Y más que una verdadera adolescente de 18, parezco una vieja de sesenta años asqueada de la vida.

Joder macho, que hartura tengo ya.

jueves, 19 de septiembre de 2013

La primera mañana de verano que crucé un semáforo en rojo

Inerte, parada. Como un vegetal, una persona en estado vegetal. Las imagines, la vida, pasan por delante de mis ojos cual tren sin pasajeros. Vivo en una burbuja de murmullos persistentes sobre problemas ajenos, y esos murmullos pasan a ser mis propios problemas. Que maldito asco esto de crecer sin nada que te complete. 

Pasé de vivir a sobrevivir la primera mañana de verano que crucé un semáforo en rojo sin importarme. Sin importarme si venia algún coche con ansias de aplastar palomas y asfalto mugriento. Mi cerebro ha creado un universo paralelo que tiene la misma pinta que este, solo que en el mío ya no hay luces verdes por ninguna parte. Solo carteles luminosos de alerta que intentan advertir del pozo en el que te estas metiendo, pero pasan muy desapercibidos.

Que no te mientan, todos venimos con un error de fábrica que dice que necesitamos que nos complemente alguien, que la vida no está echa para vivir por unidades. Que si yo me caigo tu me levantas y a la inversa ¿os suena? Pero los "viva la vida" te hacen creer que ese error de fábrica es reparable y que una persona humana puede vivir (y ya no digo simplemente sobrevivir) sin que otra le de una palmadita en la espalda en señal de que todo va bien, puedes vivir sin las fotos en los fotomatones haciéndole cosquillas y sin los desayunos de super después de deshacer la cama. Malditos ingenuos, que listos se creen y que poco saben lo que quiere decir la palabra enamorarse. 

Si bien es cierto que de todo se sale, que toda herida cicatriza y que todo hielo de cubata se deshace, también es cierto que se vuelve a caer, que te vuelven a herir y que hay más hielos que cubatas en este mundo. 

De cierto modo me siento como el vodka malo del Mercadona de cuatro euros, ya que me habláis de cubatas. Un envoltorio bonito y sobretodo barato que a la mañana siguiente te provoca tal resaca que deseas no volver a probarlo nunca jamás.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Vivir. Perdón, sobrevivir.

Estar quieto para intentar moverse me parece una de las paradojas mas grandes de este estupido ser humano donde me incluyo. La inmensidad de Barcelona y todo el barullo que se harma ha vuelto a atraparme. En el mal sentido. Me ha absorbido de nuevo y me ha vuelto a lanzar dentro del pozo. Si hay un hilo de luz que dice ser la salida ya no quedan fuerzas para seguirlo. 
Un ochenta porciento de los holas que oigo por dia me interesan menos que los inviernos calidos. Y del treinta porciento restante solo dos los espero con ansia, los demas he decidio que me importan por pura comodidad. 

Es increible que te digan que debes seguir adelante y sonreir y disfrutar, pero chica, ¿como hace eso una persona que ha pasado de vivir a sobrevivir? Y esto es así, la triste realidad para esta adolescente de ojos tristes. Vivir para que los dias pasen, sobreviviendo, a duras penas cada vandada que te dan. 

Una vive con esta carga contando con los años que le pesan y aprende a vivir a su manera. Perdón, a sobrevivir a su manera. 

Las personas se consumen como el hielo de los cubatas un sabado por la noche. Lentamente, a sabiendas de que se consumen y siguen haciendolo, sin intentsr cambiarlo. Da demasiada pereza cambiar de vida mientras sostienes tu ron lemon con la mano derecha y miras al idiota que lleva gafas de sol y un cigarrillo en la oreja.

Al fin y al cabo la vida es un vayven de hielos deshechados, un constante trajeteo del tren de madrugada y un agotable sol colandose por mil ventanas dormidas. Y todo esto se resume en una sola pregunta: ¿adaptarse o morir?

Lo que nadie te contó es que yo me estoy muriendo al adaptarme. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Mi amiga la depresión

Supongo que nadie es capaz de ponerse realmente en la piel de otra, ya que todos sentimos de manera distinta.
Pero, ¿acaso mi dolor es menos doloroso que el de otro? ¿O viceversa?
Cuando has pasado los últimos cuatro años de tu vida sumida en una depresión, sin ser capaz de sentir nada más que pena, tiendes a encojerte y a no molestar a los demás con mis cambios de humor. No hay otra opción, es algo que elegí en su tiempo y me ha condicionado la vida desde entonces.
Pero nadie que no haya pasado por esa fase es capaz de entender el esfuerzo que supone cada acto, ni tampoco es capaz de imaginar el dolor que se esconde en cada sonrisa. Se habla mucho de ello en Facebook, en Tumblr y en Twitter, pero la vida real es más cruel, y cuando te atrapa la depresión, cuesta mucho salir.
No quieres hacer daño a las personas que te rodean, pero lo haces incluso sin querer. Y lo único que te consuela es que cuando la post depresión ataca, saber que estarán allí cuando todo acabe.
Y otra cosa que cuesta mucho, muchísimo, es pedir perdón. Así que.... Lo siento.

sábado, 24 de agosto de 2013

Se me agotan las palabras

Hay días que te levantas con ganas de no salir de la cama, o de meterte en otra a ahorcarte entre caricias y abrazos. Hoy es uno de esos días.

Lo malo de querer a alguien con tanta fuerza es que al irse te crea miedos y inseguridades que no te quitaría ni el ácido más corrosivo que se pueda crear. Deja un vacío que al parecer ninguna otra persona será capaz de llenar. Y le echo de menos joder. Le echo de menos más de lo que nadie podría llegar a imaginarse jamás porque no saben lo duro que es vivir con esto dentro, esta explosión de fuegos contenidos que se empeña en salir a la luz. Que no, que hoy tampoco toca besar su boca.

Lo que no puedo entender es como a pesar de todo puedo seguir. Me levanto, caigo. Sonrío, caigo. Avanzo, caigo. Que mareo este vaivén que no cesa. Y ojalá alguien pudiese rescatarme. Como ese caballo blanco de Santiago del que tanto hablan las abuelas.

De pequeña me enseñaron a creer en las cosas grandes. En el amor a lo bestia y a contracorriente. Los príncipes enamorados al instante y los besos curativos. Estúpido y sensual Disney, que adictivos suenan ahora esos cuentos de princesas destinadas a ser rescatadas. Deseaba ser una de ellas, vivir todas esas historias con final feliz. Hoy me doy cuenta de que las cosas grandes van a menos, y lo que valen son las miradas residentes en los espejos de los bares. Los paquetes de tabaco a medias. Los whats app de madrugada. Los "te echo de menos pelirroja". Y la risa que se le escapaba por debajo de la nariz cada vez que mi pelo se interponía en uno de nuestros besos. "Me encanta besarte el pelo" decía, y reía deseando que me rapara al cero solo para no tener que parar de besar.

Las pequeñas cosas nos atrapan, nos envuelven y no nos damos cuenta de ello. Un día sueñas con su mirada de pájaro y ya estas perdida. Que difícil se vuelve todo siempre, chica. No sé de dónde vienen estas ganas de explotar en mil pedazos.


Desconexiones y esas cosas

Metro. Gente. Pisadas. Humo. Contaminación. Agovio. Problemas. Barcelona. Rutina. 
La depresión postvacacional acaba de llamar a mi puerta y la he dejado entrar campando a sus anchas, tomandose un te en mi sillón de mimbre mientras el camarero le serivia un croissant. Es obvio que no quiera largarse, aquí está divinamente.
Y que cojones, volver a la realidad es duro. Esta maldita rutina que nos obliga a recordarnos cada día que no tenemos lo que queremos, que podríamos ser mas felices si, que no disfrutamos plenamente del presente. Pasas unos dias perfectos donde nada te preocupa y de repente el mazazo, te acuerdas de que él no te quiere. Que espere dice, que un año no es nada replica... ¿Qué sabe él de todos los sueños que me he guardado debajo del hedredón? En fin, otra vez la misma historia.

No sirve de nada decir que me cansa, que me harta, que me agota. Que necesito un cambio y no llega. Siento que me estanco en una vida donde no venden tabaco por ningun bar, un páramo silencioso donde los unicos compañeros son tres pájaros más desterrados por haberse portado mal. Que asco da la realidad, quiero volver a soñar.

Esperar y esperar. Siempre se tiene que esperar para todo. Espera para ser feliz, espera para ver a, espera para ir a, espera para vivir. Yo ya no se ni para que espero chico, solo quiero empezar. La desconexión es una manera de empezar, pones en pause una vida y empiezas otra de cero y por eso es tan adictiva. Porque es activa, y la otra cansa. "Estoy harto de vivir huyendo siempre del pasado" pues eso, que me he cansado ya. 

Muy harta hoy de toda la mierda que se encuentra una al darle el play a la gente de Barcelona. Deseando desconexión.

martes, 20 de agosto de 2013

Supongo....

Supongo que después de tanto tiempo sigues pensando “vaya, qué tía más plasta", y por eso no contestas a mis inútiles intentos de preocuparme por tí.

Supongo que ya tienes todas tus necesidades vitales cubiertas: amigos, una buena relación con tu padre, tu madre contenta por que la vayas a ver de vez en cuando, una chica por la que te comes la cabeza pero pasa de tí... Lo normal en la adolescencia.

Supongo que aquello que me dijiste de que aunque me costara creerlo, te alegraba saber que alguien se preocupaba por tí, no eran más que unas meras palabras que soltaste en aquel momento, sin pensar.

Mi cabeza está llena de suposiciones dolorosas, de comparaciones sin fin relacionadas contigo que impiden día tras día que yo pueda ser feliz...
¿Por qué él no es cómo tú? Tan perdido y solitario, tan en su mundo, tan callado y tímido, tan reservado para su felicidad hacia los demás, tan sincero pero a la vez tan misterioso respecto a lo que piensas, tan sencillo y tan vivaz, tan elocuente con los coches, tan joven y lleno de energía, que nunca desperdicias en alguien que no la sepa apreciar. Tan grande y tan pequeño, tan inexperto como los demás.

Supongo que nuestra amistad fue una versión ficticia de unos hechos, que yo nunca llegaré a presenciar.

miércoles, 7 de agosto de 2013

It's gonna be okay

"Don't feel you can't hande all this life
'Cause you,
You're loved and you're alive"
-Loved and alive, Jim and the Povolos

It's okay. There's no need to be overdramatic.
These things happen. People catch feelings, and they get hurt every once in a while. There's no shame to it.
It's not that bad, now I feel like I can move on with my life. The pain will go away.

This whole thing doesn't mean you're weak, I tell myself, it means you're getting stronger.

He wasn't the first one and he won't be the last. There'll be other guys after him, that will love me the way he couldn't.

Why hold on to him?, i tell myself, you're young and you're beautiful and you have a lot to live.

In a month, it won't hurt anymore.
In a year, I'll look back and laugh at myself.

There's no point in locking yourself in your bedroom, I tell myself, things are gonna be fine. You are gonna be fine.

He doesn't want my feelings, and that's okay. I can't blame him for not feeling what I want him to feel; but I won't cry no more because he doesn't deserve my tears.

I'm gonna smile and I'm gonna go out and live, 'cause everything is gonna be okay.

This is just the way life is, I tell myself, we all get hurt sometimes. And then we heal.

" We're just kids who feel and sometimes we feel different to others, and there's nothing we can do about it.
But none of it matters, as long as you know what you felt was real"
- My very special Irish friend.

"Siempre que pienso en el futuro no imagino nada." + cambio de planes

¿Qué voy a estar haciendo en esta misma fecha dentro de 10 años?

Pienso, pienso y sigo pensando, y no tengo ni idea de dónde voy a estar en Agosto de 2023.

¿Existirán los coches voladores? ¿Unas gafas que proyecten a un profesor virtual y que te enseñen sin que tengas que levantarte de la cama? ¿Seremos más estúpidos, o más inteligentes? ¿Qué aspecto tendré?
¿Habré viajado a la India o a Japón? ¿Tendré algún hijo? ¿Y pareja?

Una de las carencias que se pueden observar en las inquietudes anteriores es el trabajo. No necesito saber de qué trabajaré en un futuro, ya que mientras pueda comer y dormir en algún sitio y pueda disfrutar la vida al máximo, el trabajo, mi salario o las dimensiones de mi hogar me importan tres pepinos y medio.

Pero hay algo que realmente me preocupa de verdad... ¿Seré feliz? ¿Seré capaz de disfrutar de esos pequeños momentos que me brindará la vida? No quiero estar amargada ni estresada pensando que los mejores años de mi vida se han esfumado y los he desaprovechado completamente.

Dicen que la buena vida empieza en los primeros años de universidad... Pero yo aún no he elegido ese camino. ¿Significa que esta experiencia de al vida va a condicionar el que sea feliz o no?

Ahora mismo, lo único que me llena son los libros (su olor, esa textura, volver a releer palabras ya previamente leídas, los recuerdos y las sensaciones que te transmiten...). Fotografías que me sacan una sonrisa. La compañía de mi hermana, de su novio y mi amigo, y de su madre. Mis dos mejores amigas.

Y se acabó. La lista es corta. No creo que sea necesario ampliarla, porque de momento me basta. Esto es más que suficiente. Pero... ¿Y dentro de unos años? Me aterra pensar que seré un fracaso o un despojo humano. Un ser más que si desapareciera le haría un favor a al sociedad. Me aterroriza imaginar que no voy a tener ideas propias, o que estas supongan una forma de rebeldía demasiado radical. Me asusta que aquellas personas que significan tanto para mí se alejen y desaparezcan de mi vida como si nunca hubieran estado allí, como si no hubieran existido jamás...

Esto es lo que tenía pensado publicar. Pero entre hora y hora... Las cosas han cambiado.

Os contaré un poco mi historia, pero la intención no es centrarse en mí. Es centrarse en una personita que estuvo muy presente en mi vida cuando desde que nací hasta que cumplí los cuatro años.
Su nombre es Mireia. Nos llevamos 1 día exacto (yo nací el 30 de marzo de 1995 y ella el 31 de marzo de 1995). Crecimos juntas en una pequeña guardería de pueblo, y formábamos un pequeño grupo de aventuras inseparable junto con Arnau (del 29 de marzo) y Paula (del 2 de abril). A parte de nuestra relación infantil, nuestros padres habían encontrado un grupo con el que relacionarse, y la amistad pasó de pequeños a grandes.
Al cumplir los tres años, me sacaron de esa guardería, supongo que buscando la mejor opción para mí, y no tuve demasiados problemas para adaptarme.

Estos tres amigos que había hecho de pequeña, desaparecieron como dos peces de hielo en un wiskey on the rocks (como bien describió Sabina los momentos efímeros). Pasaron los años, y hasta que no cumplí los trece, no volví a recordar sus cares, ni me pregunté qué habría sido de sus vidas, o cómo les irían las cosas. Simplemente eran recuerdos de infancia, escondidos en recónditos lugares de mi mente, temerosos de salir a la luz del sol. Pero todo cambió el día en que me dijeron que Mireia tenía cáncer. Mireia tenía cáncer. ¿Cáncer? ¡Cáncer! ¡Por el amor de Dios! Solamente teníamos trece años, un cáncer debería ser la última de nuestras preocupaciones. Mi madre me contó que había empezado como un dolor de pierna sin importancia... Y que al final, lo que pensaban que era una lesión del básquet o un virus persistente, resultó ser un osteosarcoma en la pierna derecha.

Mireia no aceptaba visitas, no quería que nadie la viera sin pelo, en los huesos, con amargura al ver a pena de los demás. Y era mucho más que comprensible. Me dediqué a escribirle una carta diaria durante tres meses, pero nunca las envié. ¿Qué derecho tenía yo de reaparecer en su vida? ¿Se lo tomaría como que era el cáncer el que movía mis intenciones lastimeras hacia ella?
No quería molestar, pero al mismo tiempo preguntaba a Paula cómo iban las sesiones de quimio, cómo se sentía Mireia, si la podría visitar algún día...

Pero el tiempo volvió a pasar. La constancia nunca ha sido una de mis mejores virtudes, y al final el olvido lo tapó todo como un manto negro, sin opción de retirarse. Y la ví. Por esa época, yo bailaba con Paula en una academia en el pueblo, y vino a vernos actuar. Fue verla, abrazarla y ponerme a llorar; lloraba por mi estúpida inseguridad, por esos veranos que nos veíamos un par de semanas y los pasábamos en la playa de Palafurgell, por todas y cada una de esas fotografías que conservaba en mi cuarto de todas las aventuras que vivimos juntas. Y también lloraba porque finalmente podía abrazarla y decirle sin temor alguno "Estoy aquí. Ya ha pasado todo."

Ella no sabe lo mucho que me afectó su enfermedad. Creo que fui un "daño colateral del cáncer". No solamente sufre el portador de la enfermedad. Sufre su familia, sus seres queridos en general. Y el hecho de ver a tus seres queridos pasarlo mal debe de ser la visión más devastadora que pueda haber jamás.

No sabes lo mucho que ha significado para mí, Mire, que te hayas decidido a escribir un libro. No sabes lo valiente y fuerte que eres en realidad por volver a revivir todo lo que ha supuesto esta historia. Te ha hecho ser quien eres, y la verdad es que eres GENIAL. Ya solo con el prólogo he soltado más de diez lágrimas contenidas...

Si queréis leer el libro, entrad en http://unavidaunrelat2013.com/ . Está en Catalán, la nostra llengua materna.

T'estimo petita, encara que ens haguem distanciat.








viernes, 2 de agosto de 2013

Nunca una traidora.

¿Acaso amar es algo malo? ¿Preocuparse por una persona y hacerle sentir que estás ahí? ¿Y acaso está mal al ver que no recibes, reclamar un poco de atención?

Luego mucho decir que a las mujeres nos baja la regla y que tenemos muchísimos cambios de humor, pero a vosotros chicos a veces os juro que pienso que os sangra la polla.

¿Qué cojones os pasa? ¿Que si un tío os da a entender que es vuestro amigo, os parece genial, pero si lo hace una chica, ya es preocupante?

Mis niveles de paciencia se están agotando, y el día que envíe a la mierda a alguien, será para no volver a recojerlo nunca más.

Y el que avisa, no es traidor.

Refelxionando

Simplemente me pregunto por qué nunca soy suficiente ni para nada, ni para nadie.

Estos sentimientos autodepresivos no ayudan a levantar cabeza, pero tampoco tengo una solución clara de cómo cambiar de chip.

Creo que mis principales frustraciones son mi cuerpo fofo y mi mentalidad destructiva. Nunca me dejo en buen lugar a mí misma, ya que mi autoestima es nulo.

Y aunque de cara al exterior parezca que me encanta ser quien soy, no es verdad. Odio este ser repulsivo en el que estoy atrapada.

Quien pudiera estar a gusto consigo misma...

No es justo

Es imposible deshacerse del dolor. Lo he intentado. He intentado no pensar en el, he intentado distraerme y mantenerme ocupada, he intentado mirarme la situación de otra forma y ser positiva. Pero no puedo.
No puedo porque por mucho que la evite tengo una frustración encima que no hay quien me quite. No puedo superarlo porque no ha terminado, ni siquiera se si empezó en algun momento. No puedo porque el problema no es que lo "nuestro" no funcione, que no estemos hechos el uno para el otro, que hayamos discutido o que ya no nos queramos. El problema es que no puede ser porque el vive en la otra jodida punta del mundo.
Nunca me ha frustrado tanto tener 16 años. Realmente me jode porque no depende de mi. Después de un año sin vernos hemos pasado juntos 10 dias, 10 dias perfectos. ¿Y ahora que? ¿A esperarme sentada hasta el año que viene?
Ojalá el no fuera tan especial. Me sería mucho más fácil, no me costaría encontrar a alguien en Barcelona. Pero después de estar con él ya no podré conformarme con nadie, ya que nunca he conocido a nadie de mi edad tan inteligente, tan culto, con una dulzura estraña que aparecía exactamente en el momento más adecuado.
Me muero por hablar con él pero no se que decirle. Él siempre sabía que decir.
Tengo miedo de descubrir que no me echa de menos. Que ha seguido con su vida como si nada. Que para el esto no ha significado tanto como para mi. Y es que, en realidad, estaría en su derecho. Es mi culpa. Siento demasiado, demasiado deprisa y con demasiada intensidad. Con el tiempo tienes que adaptarte a que los demás sigan un ritmo distinto, por mucho que duela.

Por las noches siento un vacío frío y doloroso en el pecho. Es sorprendente como el dolor psicológico puede llegar a producir dolor físico. Y es que es así, es dificil de entender si nunca has tenido a alguien muy especial lejos de ti, pero los echas de menos hasta el punto que duele físicamente. Siento punzadas en el pecho y una voz que chilla desde dentro de mi: No es justo. Y es que no lo es.
Esperaba con ansias estos diez días, pero ahora que se ha ido solo lo han empeorado todo. Me han recordado todos y cada uno de los motivos por los que me gusta tanto. Y nunca, jamás, me ha dolido tanto tenerlo lejos como me duele ahora mismo.
Aun así, lo que duele más no son los recuerdos. Lo que duele más es todo aquello que podría ser y que nunca será. La relación normal que podríamos tener y que nunca tendremos. Por que se que, a parte de algunos días esporádicos cada verano, nunca podremos estar juntos. Sencillamente no es posible y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

La vida te da aquello que siempre has buscado, aquello que has querido toda tu vida, y te lo deja durante un tiempo breve, el suficiente para que te des cuenta de que aquello es todo lo que necesitas para ser feliz, que no puedes vivir sin ello, y entonces te lo quita.

Y entonces ya no hay nada. Solo frío y oscuridad.

jueves, 1 de agosto de 2013

Siento demasiado.

Siempre he pensado que siento demasiado. Las cosas me afectan e importan en un grado más elevado de lo normal, y lo único que eso me produce es dolor.
Hay días que me siento querida y comprendida y me duermo con una sonrisa en la cara.
Hay días que alguien no me ha dicho aquella palabra que  ansiaba escuchar, que alguien me ha dejado colgada, que alguien se ha mostrado más frío conmigo que normalmente, y me voy a la cama deseando darme cabezazos contra la pared hasta que el dolor físico me impidiera sentir nada.

El 90% del tiempo desearía poder dejar de sentir. Dejar de preocuparme por la gente. Me odio a mi misma por ser tan sensible, tan débil, tan fácilmente herible.

Pero una vez, alguien sabio me dijo:
"Cariño, es el día en que dejen de importarte las cosas el día que tendrás que preocuparte."

The sun will always rise

It doesn't matter how dark it is right now.
Even in the darkest times, the sun will always find a way in. And,
when you see the fragile stray of light struggling to sneak in, hold on to it. Embrace it, let it make its way in and let it bathe you in its warmth, for that is the only way out.
Keep on mind that the sun will always rise.

You deserve to be saved. We all do.

miércoles, 31 de julio de 2013

Distancia

Ayer empecé a escribirte, pero el trabajo se acumulaba más que nunca.

Y aunque me tome pequeños descansos para mirarte cada 2 segundos, me centro en lo que me toca hacer en ese momento. Pero estás tan cerca y a la vez tan lejos...

Tendrías que ver a la tonta pelirroja hablando sola, intentando decidir si baja las escaleras, avanza por la galería 300 metros, te llama desde detrás de la cortina, y cuando te acercaras, tirar de tu corbata y darte un beso.

Pero claro, ella eso lo piensa, se lo imagina todos los días, pero no lo hace.

Sueña cada noche aventuras contigo. Algunas en el trabajo, otras en sitios exóticos, o en el centro de Barcelona. Pero siempre estás tú. Para ser un confidente, un amigo, un amante, un hermano de corazón... Y desearía que sus sueños se hicieran realidad.

Esa joven abierta en ciertos aspectos, pero tímida en otros... ¿Quién lo diría, verdad?

Pues está un poco harta de ser una niña buena y tímida. Y encima tiene las hormonas revolucionadas y actualizadas, ya que la instalación de la aplicación "lanzada" se ha instalado correctamente en su sistema.

Así que ale, préparez-vous.

Susurro en forma de pelocho

Hoy voy a contarte mi historia aunque ya te la sepas de memoria. Si, a ti que siempre te ha hecho daño verme llorar. A ti que no sabes donde esconderte cuando oyes mis susurros. Y te pido que la leas aunque no te guste leer, te pido que la leas despacio, porque mi historia hoy tiene que ver contigo. Te lo contaré efectivamente como si estuviese susurrando porque las cosas importantes se dicen susurrando, muy bajito y despacio. Te contaré lo que ya sabes y nunca has sabido ver.

No tengo la mas mínima idea de cuando empezó todo, si con la primera mirada, el primer abrazo o la primera conversación por skype. Lo que si sé con demasiada certeza es que me encontré las navidades pasadas entera pero con un pedacito de mi tan lejos, que no podía alcanzarlo. Me encontré sola en un mundo que no entendía que hacía esta catalana de pacotilla con su vida. 
Pero a todas estas decidí no frenar algo de lo que hoy, si te soy sincera, me arrepiento un poco de haber creado. Y seguimos porque ¿qué más da? Si solo es un tonteo tonto, dos pares de idiotas que pasaban mil y una noches deseando estar en otras camas, soñando con imposibles porque hay una canción de Maldita Nerea que nos hace creer que los imposibles también existen. 
Y me di cuenta de que lo que fuese que estábamos creando solo podría acabar mal, de una manera terrorífica. Como un accidente de coche, que no te lo esperas pero de repente ya te has dado contra ese maldito muro y no sabes ni quien lo ha puesto. Pero seguí siendo una ingenua y corrí el riesgo porque ¿qué mas da? Si solo es un tonteo tonto. 
Una noche de febrero yo salí de fiesta con las niñas y se me fue la cabeza. La única vez que me ha pasado. A la mañana siguiente me sentí tan mal. Aún sabiendo que no tenía ningún porqué algo dentro de mi hacía que sintiera la traición, una sensación tan extraña...
En fin, ese día me di cuenta de que el tonteo tonto de estos idiotas no era solo eso, y de tanto negarlo quemaba ya. Era algo fuerte y quizá sólido, era inevitable, salía solo.
Y en esas estábamos, día tras día, esperando. 
Un 20 de Abril ocurrió el reencuentro o no sé como llamarlo. En sol, en el epicentro de esa ciudad, la tuya, que me ha robado por completo. Empezó lo que yo creo que ha sido uno de los mejores días de mi vida. ¿Recuerdas el primer beso, ese primer roce? Yo lo recuerdo como si fuese ayer. En plaza España, y aunque mi memoria es bastante pésima con tiempo podría llegar a decirte incluso el banco en el que estábamos. Ese día decidimos no tener prisa aunque tuviésemos las horas y los minutos contados. No salir de la cama por el placer de verte tan cerca. Y siempre recordare el "no llores, no has venido para que yo te vea llorar" y la sonrisa que se dibujaba al segundo. Ese día descubrí lo bonito que es escuchar un te quiero al oído cuando lo has esperado tanto, un te quiero bajito porque ya sabes que las cosas importantes y sinceras se dicen en formato susurro.
El viaje en metro más largo de la historia y el primer adiós, bueno miento, el segundo. Pero si era el primer adiós que dolía dar. Tocó besar como si no fueses a besar más y eso es realmente jodido. Ese día creció dentro de mi todo lo que sentía antes de verte, se magnificó sin permiso. Para nada era un tonteo tonto.
Y no creo que sepas nunca lo que es verte salir corriendo de la estación para abrazarme dos minutos más, ese "no puedo estar en casa sabiendo que tu estas aquí" y un "te veo pronto" que no sabíamos si podría ser.
En Mayo mandé por correo mil letras que ya no me acuerdo que decían. Esa carta que no era la primera que escribía, pero si la primera que mandaba llegó justo el día de tu graduación. Ojalá hubiese llegado en otro momento, ya sabes. Lo que pasó esa noche no es que fuese especialmente perfecto para mi, no entraré más en detalles. No quiero hacer más grande la herida ni nada, solo quiero recordarte mi historia, o la nuestra ya no lo sé.
La otra vez que te vi fue distinto, sabía que me iba a encontrar pero tenia tantas ganas de encontrármelo. Y empecé a sentir la paz, comprendí eso que dice la gente: de Madrid al cielo. Y si, al cielo, pero de tu mano. Dos días perfectos la verdad. Siempre he tenido miedo a que algo bueno acabe, no se bajar el telón de ciertas historias de mi vida. Y esta es una de ellas.
El tiempo nos pone a todos en su sitio, es lo que me han enseñado desde pequeña. Yo muero de ganas por ir a estudiar a la capital, y esas ganas las tengo desde hace más tiempo del que nadie se puede imaginar. No sé si tu estarás ahí, si te habrás ido y habrás conseguido olvidarme.
No pienso en eso cuando pienso en el futuro, pero lo que tengo claro es que merecemos un final mejor, ¿no crees? Por eso me niego a que este sea mi final.
Lo cierto es que ha dolido tanto la traición, saber que pudiste mentirme... Y lo que más duele es entenderlo, hace poco que me dí realmente cuenta de lo que significaba todo lo que estaba pasando. Adaptarse o morir ¿no?
No quiero perder a alguien que lleva un año siendo la persona más importante para mi, y no solo de pareja o algo porque realmente nunca hemos sido nada pero siempre ha habido algo. Lo que digo es que no quiero perder a alguien que, aunque diga lo contrario, sé que no fallará si pido ayuda. No puedo decirlo pero te echo de menos de todas las maneras que alguien puede echar de menos. Y a pesar del dolor aquí sigo, desando empezar a vivir para mi, deseando que demuestres lo que has dicho. Deseando volver a sentir esa maldita paz de la que no me puedo olvidar.

Toda historia tiene un final, pero no quiero que este tonteo tonto acabe con un accidente de tráfico. Volveremos a ir a la Sureña.

Te veo pronto, lo prometo.

viernes, 26 de julio de 2013

Cuatro chorradas

"Siempre tengo sueños sencillos con mujeres complicadas, 
veo el amor con la visión deteriorada, 
del que lo tuvo todo y luego lo perdió. 
Soy experto en echar leña sobre hogueras apagadas, 
no sé aceptar que hay ciertas cosas que se acaban." Marwan - Sueños sencillos


Hoy quiero empezar con este pequeño fragmento de Marwan ya que no se resumir mejor como me siento en este instante.
Y nos esforzamos en seguir teniendo fe en cosas muertas, historias de estas dramáticas que nos hacen estar a centímetros del abismo. Seguimos despertandonos día a día diciendo que tenemos que sonreir y ser felices. ¿Que tenemos que sonreir y ser felices? ¿Que tenemos? Y así es, eso se ha convertido en una obligación porque parece que en esta sociedad de adolescentes malcriados que hemos formado nosotros solitos no se nos permite estar tristes. Estás mal y en seguida te sueltan un "no te ralles", "vendrán épocas mejores", "sonrie"... Como si estas palabras sirvieran de algo. A parte de que nunca las dice quien las debería decir ¿verdad? Esas amigas que dijeron que eran para siempre se acaban esfumando y el chico que juro tres mil veces debajo de las sábanas que no te fallaria nunca acabó cayendo en este típico juego de palabras de: te follo y te fallo, o algo así. 
Sinceramente empiezo a hartarme de ser yo, de llorar tres de cada dos sabados por personas que hoy por hoy dudo que se lo merezcan.

miércoles, 24 de julio de 2013

Mal asunto

Hoy me he puesto a pensar... Y ( ¿cómo no? ) he vuelto a pensar en tí.

He recordado una frase inocente acerca de un coche como "La distancia entre tú y yo ahora mismo es mínima", seguida de un "en cambio, en un Hummer, sería preguntarte desde un casquete polar hasta el otro cómo estás".

He recordado las ganas que tengo de tirarte de esa estúpida corbata azul a rayas cada vez que te veo en el trabajo, en la distancia.

He recordado las ganas que me entran de llorar cuando estamos sentados en tu bonito coche, el "turbo", como lo llamas tú, porque sé que solo nos quedan 10 minutos de conversación.

He recordado lo ilusionada que estoy cuando sé que te voy a ver en el trabajo, y lo triste que me pongo cuando la jornada se acaba, y el miedo a que respondas "no" a mi inocente invitación de quedar los dos.

He recordado la inseguridad que siento hacia mí misma, y la poca iniciativa que tengo para contigo, a pesar de que intento demostrarte lo mucho que me gustas.

He recordado tus "ai cabecita loca" o tus "tontita" cariñosos, como si encontraras divertida mi torpeza social y mi falta de orientación.

Simplemente tengo la imagen de mi mano frotando tu pelo rapado al uno, y tu cara de placer al sentir mis dedos recorrerlo.

Te tengo en mi cabeza, pero realmente lo que quiero es tenerte físicamente muy cerca, y no dejarte escapar jamás.

Dame...

Dame un minuto, tan solo un minuto para explicarme. Un minuto que dure toda una vida, que abarque instantes desgraciados, momentos maravillosos, lágrimas y risas, recuerdos del pasado. Dame tan solo un minuto de tu vida para intentar hacerte feliz, porque sé que realmente valoras mis inútiles intentos de hacerte sonreír.


Dame una tarde a tu lado. Una tarde solos los dos. No me importa si es en el coche o en un parque, no me importa si es en un bar, en tu casa o en la mía. Dame una tarde fuera del trabajo, donde podamos hablar de lo mucho que te gustan las fiestas, y a mí verte disfrutar de ellas.


Dame una noche. Una maldita noche en que no piense en tí. Un simple descanso rutinario, si te parece a la misma hora, a mí me va bien. Dame una noche de tregua, en la que intentaré recuperar las fuerzas para volver a verte y disfrutar de tu compañía, sin temor a que se acabe.


Dame dos palabras, dos simples palabras que cambien mi fantasía y mi sueño por una triste y efímera realidad. Un simple "yo también" me basta, no necesito más.


Dame un movimiento, un acercamiento a mi piel. Posa tus suaves y cálidos labios sobre los míos mientras tiemblan de emoción, incrédulos por ver que realmente sus plegarias han sido escuchadas. Un tímido y rápido beso, que me haga anhelar muchos más.


Dame toda una vida para intentar enmendar los errores, aquellos que cometí y aquellos que cometeré. Dame toda una vida para intentar hacerte feliz, prometo no defraudarte.

martes, 23 de julio de 2013

Un pájaro da los buenos días cantando, yo no

Levanta, despierta, ya amanece. Necesito que abras los ojos lentamente como llevas haciendo un año para que te observe una última vez. Debo desafiar de nuevo a la luna y dejarte, como he hecho siempre. Quiero volver a pedirte perdón, entrar en esta rutina que tu ya conoces y que hoy voy a romper. Porque me voy y me voy para siempre. Me despido de ti y de todo lo que tu supones: me despido de la paz, los mares que tienes por ojos y los desayunos en la cama en pleno invierno. Despierta y escucha, como si mi voz fuese un leve susurro que se ha colado en tu sueño, interrumpiendo cualquier pesadilla que tuviese algo que ver con tus estrellas. Me voy y dejo atras una vida en esta ciudad. Y juro que echaré de menos los paseos por el centro de tu mano y las comidas grasientas que sirven aquellos que te enamoran y la mirada que pones cuando haces algo maravilloso y yo finjo que no lo he visto, pero sabes que finjo muy mal. Tranquilo, tengo mala memoria pero de ti me voy a acordar. Sigo susurrando pequeño y creo ver una lagrimita, no llores porque tú no sabes lo que pasa cuando lloras. Tú lloras y yo muero y digo cualquier tonteria con tal de que sonrias en medio de esta maldita estacion de trenes, y no sabes lo guapo que estas cuando lloras y sonries a la vez. Me quedaré con esa imagen toda la vida, será una de las que vea el día de mi muerte pasar a camara rápida. Me voy, este amanecer tiene los minutos contados. Siempre he odiado las despedidas, por eso no he querido hacerlo antes y por eso me gusta que estes dormido, para poder hablar sin que me cortes y te quejes de lo mal que te puede ir todo sin mi. Sabes de sobras que te vales solo, y que encontraras a alguien que se quede aquí a tu lado incluso cuando la luna llena le llame. Te quiero pequeño, y te voy a querer siempre. Porque una piel tan blanca no se puede olvidar fácilmente y creeme que la tuya ahora mismo es más blanca que las mañanas sin sueño. 

Me importarás hoy, mañana y quizá siempre.

Ella será mejor que yo

Miedo. Miedo irracional. Tanto miedo que impide respirar. Miedo a perderte y miedo a tenerte. Perdón, miedo a tenerte menos.
Juro mil veces al día que no me afecta, que estoy bien, incluso me atrevo a sonreír cuando nadie mira para creérmelo un poco más. Pero la verdad es que todo esto me supera, nunca he sido una chica muy fuerte y ahora menos.
Me supera el muro que veo delante de mis ojos en todo momento. Sinceramente creo que he fracasado en todos los aspectos que una persona puede fracasar. Hoy por hoy no hay algo que me vaya "realmente bien". Soy totalmente incapaz de tener una vida amorosa normal joder, que me enamoro del idiota más complicado de todo Madrid, que hago daño al único payaso que daría la vida por mi por el simple hecho de que yo estoy hecha un lío. He fracasado como amiga, total y absolutamente. Porque doy todo pero lo hago mal y no sirve de nada. Y me siento impotente y como si mil tractores me pasaran por encima cada vez que mis sermones vuelven a sonar duros y hacen más mal que bien.
Tengo buenas notas si, pero no lo suficientes para que este estado de mierda me conceda una beca para estudiar donde yo quiero, una beca que me daría la vida. Y si nos ponemos a hablar de físico... Supongo que a nadie le gusta su cuerpo ¿no? Así que no sirve de nada que ponga a maldecir mis malditas caderas y estos ojos caídos que Dios me ha otorgado.

Después de esto no me extraña nada que la prefiera a ella la verdad, ¿para qué aguantar todos estos cacaos mentales? ¿Para qué? Si seguro que ella es mil veces mejor que yo. Más guapa, más lista y más todo. Y pienso esto y tengo ganas de irme otra vez, donde sea ya me da igual.

Maldito fracaso. Podría escribir mil cosas pero ya no sirven de nada mis palabras, así que mejor me voy callando.

Más débil que nunca.

Tengo sueño pero también tengo sueños que no me dejan dormir

¿Sabes qué? Ya no puedo más. Me mata cada día ver la impotencia en tu mirada, esas ganas de acabar. Y siento miedo y temor. Y me acojono cada mañana que no veo un "buenos días, estoy aquí y estoy bien". Porque no creo que veas nunca lo desesperante que es hablarle a alguien y sentir que digas lo que digas no te va a hacer caso.
Escúchame o léeme, eso ya depende de ti. Que se que no te gustan los sermones pero por una vez en tu vida hazme caso, siéntate en ese maldito sofá y lee esto con mi voz (tu eliges el formato).
Mira chica has volado demasiado lejos por debajo de la tierra, te has quedado estancada en una trampa de esas que ponen los hijos de puta de los cazadores en el bosque para los osos. Tu mirada ya no va hacia el cielo, solo eres capaz de verte los pies, anclados en una realidad que no te gusta. Y sé que es desesperante, que el jodido vacío del que tanto hablo no desaparece del pecho en ningún momento. Pero basta ya, ¿no crees?
Hay mil razones por las que vale la pena levantarse cada día, encuentralas. Ya lo dijo él: lo triste no es morir, lo triste es no vivir intensamente. Y perdóname si sueno dura, pero tu mirada muere cada día un poco más. Has entrado en una espiral de descenso y debemos empezar a mirar hacia arriba. Porque sí, porque lo vales. Porque eres una mujer de 30 atrapada en un cuerpo de 18 que aparenta 20. Maduraste antes que nadie, y te decepcionaste antes que todos al ver lo puta que llega a ser la vida. Que nadie tiene lo que quiere de verdad, y que por cada vez que el sol sale surge un nuevo problema. Pero esto te pasa a ti, me pasa a mi, le pasa a ella y les pasará a todos. Solo se trata de saber disimular mejor, o convertirte en una piedra, tu elijes.
Yo decidí hacerme la fuerte. Y ahora tengo que ser fuerte por un puñao de personas y te juro que ya no puedo más.
Debería estar prohibido que la gente como tú se sintiera así. No sirve de nada que te cuente mi historia, la sabes de sobra pero igualmente fíjate: he encontrado algo que me motiva y lo voy a hacer, me iré. No te estoy diciendo que huyas pero que si quieres vente conmigo (a romper la discoteca y a escuchar recitales de poesía en esa ciudad que me encandila, ya sabes de Madrid al cielo). Debes, perdón, tienes que encontrar aquello que mueva cosas en tu mente.
Basta ya de quedarse en casa viendo mil series y fumando porque por unos segundos te sientes un poco mejor. Basta de hacer lo que ya sabes, esa no es la solución, por mucho que te empeñes en decirme que es lo mismo que pegar a una pared.

Sinceramente espero que algún jodido día te des cuenta de lo que vales de verdad. Y ojalá no necesitaras a un chico para eso, ellos siempre acaban fallándonos... ya lo sabes.
Por todo lo demás estoy aquí, las 24 horas del día. Fingiendo ser fuerte por ti y para ti.

Ah, casi me lo dejaba. Te quiero.













Gracias

Esta es una pequeña carta de agradecimiento.

Una carta de agradecimiento a aquellas personas que lo han dado todo por mí, y que han recibido muy poco a cambio.

Padezco crisis de ansiedad desde hace cuatro años, y aparecen sin más. Estoy con gente y me pongo nerviosa, no puedo respirar, no dejo que me toquen y necesito huir. Y eso es lo que hago: huir. Voy al baño más cercano y espero pacientemente hasta que se va.

Pero ayer fue distinto... Ayer tube una delante de mis mejores amigas, y fue la primera vez que me había sentido así en un espacio abierto, donde podía andar a mi libre albedrío.

En mi caso, me ofusco, no puedo ver absolutamente nada. Escucho palabras de fondo, siento que mis pulmones dejan de funcionar, me escuecen los ojos y no paran de llorar, mi cabeza se estruja y presiona las paredes de mi cráneo, y hago movimientos realmente curiosos con las manos para que nadie me toque. Necesito sentirme despejada, en esos momentos; sin ningún tipo de barrera a mi alrededor, sin manos opresoras, ni abrazos que te asfixian... Solamente espacio.

No sé cómo vivir con ello, es muy difícil. Pero ayer... Ellas estuvieron allí conmigo, el tiempo que duró la puñetera crisis. Y yo era incapaz de pensar en nada que no fuera que lo sentía mucho, que ellas no tenían que verme así de jodida.

Porque estoy realmente jodida.

Aunque no lo reconozca en público, mi principal problema es mi apariencia física, y cada vez que alguien hace un pequeño comentario sobre mi aspecto, pongo una sonrisa y acepto el chiste tan ricamente. Pero la verdad es que se te clava como un puñal...

Aquella que ha nacido con un metabolismo estupendo, que tiene un cuerpecito bien formado, saludable y hermoso (sin llegar al extremo del término "esqueleto andante", claro está), no es capaz de comprender lo mucho que le duele a una que no ha tenido tanta suerte que la llamen "gorda", "foca", "ballena" o "obesa". Sé perfectamente que tengo unos quilos de más, pero... ¿Hace falta que lo utilices como una crítica hacia mi persona? ¿No es suficiente la inseguridad que me supone tener que arrastrar una mente que considero maravillosa en un cuerpo despreciable?

Me miro en el espejo y veo unas piernas gordas y fofas, que no pueden llevar pantalones cortos porque al no llegar a separarse en la entrepierna, se irritan y me escuece un montón. Veo unos brazos rechonchos, que no quedan bien ni para atrás con ningún brazalete. Veo un cuello lleno de papada cuando agacho un poco la cabeza. Y sé que no es para tanto, que me tendría que preocupar si fuera un problema de salut. Que unos quilillos se pueden bajar. Pero es pensar en hacer ejercicio y que los demás me vean, y ponerme enferma.

Hace más o menos cuatro años empecé a autolesionarme. Hace que me sienta bien unos segundos, pero cuando luego veo las heridas, pienso: "¿vale la pena? Tienes las piernas llenas de cicatrices que se ven a la legua porque estás blanca como la puta leche. ¿Piensas que eso es bonito?", y me arrepiento.

Ojalá no hubiera empezado nunca. Ojalá no hubiera superado el miedo que me produce el dolor.

Pero empecé, y ahora no sé cómo parar.

Supongo que es cosa de autoestima... El día que cambie el chip, el día que piense que realmente valgo la pena, creo que mi vida dará un giro de 360 grados, y lo veo una posibilidad no muy imposible. Sé que ese cambio también es posible para mí, que yo también merezco una oportunidad, pero no sé cómo lograr realizarlo. Es muy fácil dar consejos a los demás, pero es taaaaaaaaan difícil aplicarlos a tu vida...

Esto se supone que tenía que ser una carta, una carta de agradecimiento a tres personas en concreto que ayer me vieron realmente como soy. Cuan débil estoy.

Gracias por alejarme de mis demonios.


DIDI.

sábado, 20 de julio de 2013

"Querida" sociedad...

Si pasas a mi lado por la calle, ni te darás cuenta de que estoy allí.

Y mira que hay señales, señorita. Pelo rojo a más no poder. Mujer de metro setenta y cinco pálida y con ojeras. Una pechonalidad y un cuerpo.... bueno, prominentes.
Ojos corrientes. Voz corriente. Personalidad rallando lo aburrido... ¿Qué tengo de especial para que te fijes en mí?

Pues déjame decirte, "querida" sociedad, que valgo mucho más de lo que me haces creer.

Soy una persona culta, con unos niveles de imaginación que rondan el término "BRILLANTE". Tengo buenos modales y buena presencia. Soy extrovertida, alegre y simpática si me caes bien, y no hago daño con palabras por placer. Disfruto del don de la curiosidad, y de un pequeño nervio que me incita a viajar. Trabajo duro por aquello que creo que vale la pena, y confío en mi criterio con una fe ciega. No trato a las personas que me rodean como no me gustaría que me tratasen a mí, y eso no es un principio, es una puta filosofia de vida.

¿Por qué se me tiene que juzgar por mi aspecto exterior? ¿Por qué unos ojos bonitos, una sonrisa coqueta, unas curvas en su sitio o una carita adorable tienen que ser más importantes que mi persona?
¿Qué pasará si mi "alma" se transforma en algo sin apariencia física? ¿Sí que importará mi yo interior?

Pues déjame chillarle a los cuatro vientos que me importa una puta mierda tu manera de cualificar   a las personas. La encuentro grosera, burda, detestable y vulgar. Y mis motivos tengo. ¿Es que una mujer de la era de piedra con un poco más de cerebro procreaba menos que una mujer sin entrecejo? Porque si no llega a ser por su inteligencia, nosotros no estaríamos leyendo ni escribiendo rabietas en un lugar llamado Internet.

Así que sociedad de los cojones, métete tu superficialidad por el culo, que ya he tenido suficiente de ella para toda una vida.

Amor sobrevalorado

Y aunque ahora me retracte de las palabras anteriormente escritas, el amor no vale una mierda.

¿Para qué sufrir? ¿Somos masoquistas por puro placer? Tras un año y medio de sacrificio sin resultado, tras miles de palabras escritas en un pequeño diario, tras remordimientos de conciencia a las cuatro de la mañana, tras incertidumbre sobre mi propia coherencia por miedo a que se asuste y salga corriendo, he llegado a la conclusión de que estar enamorado es una puta mierda. Así de claro.

Lo tengo cerca: sufro. Lo tengo lejos: sufro. ¿En qué cojones quedamos?

Quiero abrazarlo, empotrarlo contra una pared, besarlo y hacerle sentir lo mucho que le quiero, pero a la vez quiero que esté lejos de mí, porque las ganas de vomitar, el tembleque de mis piernas y el rojo de mis mejillas me joden. Y mucho.

¿Y por esto lucháis tanto? ¿Para sentiros miserables? ¿Para tener un dolor físico y psicológico que no seréis capaces de controlar? ¿Para que a la primera de cambio se largue con una princesa de saldo y esquina como muy correctamente describió Sabina a las putas de barrio?

NO, GRACIAS.

Estoy hasta los mismísimos de sentirme poca cosa, de pensar que no soy suficiente y de que todas las demás son mejores que yo. "¿Y cómo piensas eso, si tu vales muchísimo?", me dicen.
¿QUE VALGO MUCHÍSIMO? Dime, querida, si tanto valgo, ¿por qué no soy suficiente para la persona a la que más esfuerzos dedico? ¿Por qué aquellos que solamente se llevan mi mejor parte la desprecian y la tiran como si una espina de pescado apestoso se tratara?

Necesito reciprocidad. Necesito que aquella persona que quiero que vea lo mucho que dicen que valgo, me haga creer que realmente lo valgo. Pero si todas mis buenas intenciones acabarán en la basura de este tío como un puto cupón de los yogures Danone, entonces paso.

Jugamos a un juego en el que solo tenemos una décima parte de una posibilidad entre siete millones de personas que somos a encontrar alguien que sepa apreciar nuestros esfuerzos (y que luego te los recompense con agradable, exquisito y explosivo sexo, claro está). Y con la suerte que tengo, a este paso esta persona estará extinta como los dinosaurios. O peor.

Aunque probablemente lo más penoso sea que voy a seguir estando enamorada, muy a mi pesar, durante muchísimo, muchísimo tiempo.

Hay que joderse.