domingo, 3 de noviembre de 2013

Una palabra que empieza por M.

Ha pasado casi un mes desde que "el cambio" empezó.

"El cambio" implica una reforma interna, un reseteado, ese esperado cambio de chip. Implica sacar todo aquello que una vez me callé, toda esa negatividad acumulada, ese dolor interno que me guardaba para mí. Sin mirar atrás.

Sin pensar en las consecuencias.

Y lo hice. Fui capaz de encontrar los cojones que me faltaban, de darme un empujón y rugir como una leona, y por increíble que parezca, crea un resultado.

Aunque no ha sido 100% bueno, la verdad sea dicha.

Aquellas personas que me ayudaron a cambiar, ahora las siento distintas. Aparentemente, nada ha cambiado; pero sé que no me siento igual cuando pienso en ellas (este ha sido el cambio negativo).

En cambio, han aparecido otras personas que me plantean una serie de cambios nuevos, que me dan el empujón sin tan siquiera preguntarme si lo quiero, porque saben que es lo que realmente necesito, y me deja anonadada. Es increíble lo que puede pasar cuando las personas conectan. No hay necesidad de palabras, ellas saben de lo que hablo.

Y luego está ÉL. Un día, dejó de ser mi mundo, todo aquello que importaba desde que amanecía hasta que anochecía en mi vida. Y ¡PUFF!. Ya no está. Ya no duele mirar atrás, ni pensar en él, ¡al contrario! Hasta me hace gracia y lo recuerdo con ternura...
Lo pava y niña que era en cuánto a lo que él se refería, a mi inseguridad y mi indecisión. A las reacciones taaaaaan adolescentes que tenía. Y se me pone una sonrisa en la cara cuando pienso en los últimos dos años. 

Pero, ¿por qué? Hace un mes, era incapaz de seguir adelante si él no estaba en mi vida, y ahora... ¡VUELVO A REÍR! Es una sensación tan agradable poder recordar todo aquello que alguna vez te causó daño con un poco de humor... Me siento una anciana que mira hacia su juventud y disfruta del viaje al pasado (aunque no sea muy lejano). 
Y lo único que se me ocurre, es que he aprendido a aceptar que tengo mi parte de niña, que no lo sé todo al fin y al cavo, que me quedan muchísimas cosas por vivir, que aunque la vida sea corta estoy en el principio y aún me queda muchísimo tiempo, que tengo derecho a equivocarme y a rectificar. Y a esta aceptación que tanto me ha costado hacer creo que se la conoce como "madurar".

M A D U R A R. Uau. Qué palabra. Esperemos que sepa cómo lidiar con la calma que me he concedido a mí misma y que piense dos veces antes de actuar. Pero de esto trata la vida, de vivirla. De hacerlo lo mejor que lo sepamos hacer. 

Qué jodía ella, no me ha dejado darme cuenta de todo esto hasta ahora. ¡Cabrona! :)

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