miércoles, 31 de julio de 2013

Susurro en forma de pelocho

Hoy voy a contarte mi historia aunque ya te la sepas de memoria. Si, a ti que siempre te ha hecho daño verme llorar. A ti que no sabes donde esconderte cuando oyes mis susurros. Y te pido que la leas aunque no te guste leer, te pido que la leas despacio, porque mi historia hoy tiene que ver contigo. Te lo contaré efectivamente como si estuviese susurrando porque las cosas importantes se dicen susurrando, muy bajito y despacio. Te contaré lo que ya sabes y nunca has sabido ver.

No tengo la mas mínima idea de cuando empezó todo, si con la primera mirada, el primer abrazo o la primera conversación por skype. Lo que si sé con demasiada certeza es que me encontré las navidades pasadas entera pero con un pedacito de mi tan lejos, que no podía alcanzarlo. Me encontré sola en un mundo que no entendía que hacía esta catalana de pacotilla con su vida. 
Pero a todas estas decidí no frenar algo de lo que hoy, si te soy sincera, me arrepiento un poco de haber creado. Y seguimos porque ¿qué más da? Si solo es un tonteo tonto, dos pares de idiotas que pasaban mil y una noches deseando estar en otras camas, soñando con imposibles porque hay una canción de Maldita Nerea que nos hace creer que los imposibles también existen. 
Y me di cuenta de que lo que fuese que estábamos creando solo podría acabar mal, de una manera terrorífica. Como un accidente de coche, que no te lo esperas pero de repente ya te has dado contra ese maldito muro y no sabes ni quien lo ha puesto. Pero seguí siendo una ingenua y corrí el riesgo porque ¿qué mas da? Si solo es un tonteo tonto. 
Una noche de febrero yo salí de fiesta con las niñas y se me fue la cabeza. La única vez que me ha pasado. A la mañana siguiente me sentí tan mal. Aún sabiendo que no tenía ningún porqué algo dentro de mi hacía que sintiera la traición, una sensación tan extraña...
En fin, ese día me di cuenta de que el tonteo tonto de estos idiotas no era solo eso, y de tanto negarlo quemaba ya. Era algo fuerte y quizá sólido, era inevitable, salía solo.
Y en esas estábamos, día tras día, esperando. 
Un 20 de Abril ocurrió el reencuentro o no sé como llamarlo. En sol, en el epicentro de esa ciudad, la tuya, que me ha robado por completo. Empezó lo que yo creo que ha sido uno de los mejores días de mi vida. ¿Recuerdas el primer beso, ese primer roce? Yo lo recuerdo como si fuese ayer. En plaza España, y aunque mi memoria es bastante pésima con tiempo podría llegar a decirte incluso el banco en el que estábamos. Ese día decidimos no tener prisa aunque tuviésemos las horas y los minutos contados. No salir de la cama por el placer de verte tan cerca. Y siempre recordare el "no llores, no has venido para que yo te vea llorar" y la sonrisa que se dibujaba al segundo. Ese día descubrí lo bonito que es escuchar un te quiero al oído cuando lo has esperado tanto, un te quiero bajito porque ya sabes que las cosas importantes y sinceras se dicen en formato susurro.
El viaje en metro más largo de la historia y el primer adiós, bueno miento, el segundo. Pero si era el primer adiós que dolía dar. Tocó besar como si no fueses a besar más y eso es realmente jodido. Ese día creció dentro de mi todo lo que sentía antes de verte, se magnificó sin permiso. Para nada era un tonteo tonto.
Y no creo que sepas nunca lo que es verte salir corriendo de la estación para abrazarme dos minutos más, ese "no puedo estar en casa sabiendo que tu estas aquí" y un "te veo pronto" que no sabíamos si podría ser.
En Mayo mandé por correo mil letras que ya no me acuerdo que decían. Esa carta que no era la primera que escribía, pero si la primera que mandaba llegó justo el día de tu graduación. Ojalá hubiese llegado en otro momento, ya sabes. Lo que pasó esa noche no es que fuese especialmente perfecto para mi, no entraré más en detalles. No quiero hacer más grande la herida ni nada, solo quiero recordarte mi historia, o la nuestra ya no lo sé.
La otra vez que te vi fue distinto, sabía que me iba a encontrar pero tenia tantas ganas de encontrármelo. Y empecé a sentir la paz, comprendí eso que dice la gente: de Madrid al cielo. Y si, al cielo, pero de tu mano. Dos días perfectos la verdad. Siempre he tenido miedo a que algo bueno acabe, no se bajar el telón de ciertas historias de mi vida. Y esta es una de ellas.
El tiempo nos pone a todos en su sitio, es lo que me han enseñado desde pequeña. Yo muero de ganas por ir a estudiar a la capital, y esas ganas las tengo desde hace más tiempo del que nadie se puede imaginar. No sé si tu estarás ahí, si te habrás ido y habrás conseguido olvidarme.
No pienso en eso cuando pienso en el futuro, pero lo que tengo claro es que merecemos un final mejor, ¿no crees? Por eso me niego a que este sea mi final.
Lo cierto es que ha dolido tanto la traición, saber que pudiste mentirme... Y lo que más duele es entenderlo, hace poco que me dí realmente cuenta de lo que significaba todo lo que estaba pasando. Adaptarse o morir ¿no?
No quiero perder a alguien que lleva un año siendo la persona más importante para mi, y no solo de pareja o algo porque realmente nunca hemos sido nada pero siempre ha habido algo. Lo que digo es que no quiero perder a alguien que, aunque diga lo contrario, sé que no fallará si pido ayuda. No puedo decirlo pero te echo de menos de todas las maneras que alguien puede echar de menos. Y a pesar del dolor aquí sigo, desando empezar a vivir para mi, deseando que demuestres lo que has dicho. Deseando volver a sentir esa maldita paz de la que no me puedo olvidar.

Toda historia tiene un final, pero no quiero que este tonteo tonto acabe con un accidente de tráfico. Volveremos a ir a la Sureña.

Te veo pronto, lo prometo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario