lunes, 9 de diciembre de 2013

Mi primera vez.

A lo largo de estos casi 19 años he experimentado muchas primeras veces: la primera muerte de un ser querido (el canario de mi abuelo), mi primera obsesión por algo (Harry Potter), la primera regla,  la primera vez que pruebas algo (Sushi), la primera vez que te dejas influenciar (tabaco y alcohol).... Y ahora, aunque no es de las más importantes, la primera vez que tengo sexo con un hombre.

Alguien muy especial me dijo hace poco que el concepto de "perder la virginidad" o que "te arrebaten la virginidad" está mal construido. No perdemos ni nos sacan nada, es un acto (la mayoría de las veces, no quiero entrar en detalles macabros acerca de verse forzado a mantener relaciones sexuales) al cual nos entregamos voluntariamente, con una persona que se gana de tal manera nuestra confianza, que nos mostramos tal y como somos. No solamente desnudamos nuestros cuerpos, también desnudamos nuestras almas para la persona que compartirá un momento tan especial como es el sexo.

Es verdad que siempre es mucho mejor si hay amor de por medio, sin duda, pero... ¿habéis experimentado alguna vez la sensación de que lo único que podría aliviar tu estado de nerviosismo y excitación es una buena sesión de sexo?

Hoy, día 29 - 30 de Noviembre de 2013, he dejado atrás mi celibato, con alguien que en poco tiempo me hizo sentir segura, no me hizo sentir avergonzada de mi cuerpo, me quitó las inseguridades con sus labios y sus manos, y me arropó con el calor de su cuerpo hasta que estuve preparada. Me proporcionó todo tipo de atenciones, fue cuidadoso y atendió todas mis necesidades y mis exigencias, sin rechistar, encantado.
¿Dolía? Al principio, sí. Aunque estaba lista, es algo que no había estado nunca en mi cuerpo, y me tenía que acostumbrar a ello. Pero del dolor, pasó a ser una sensación agradable (no placentera), que echaba de menos cuando él salía de mí. Digamos que los nervios me impidieron llegar a la bajada de una montaña rusa muy empinada. La sensación del clímax no acabada de llegar, pero de eso ya se encargó él después. Y lo único que puedo decir ahora, dos horas después, es que estoy tremendamente EXHAUSTA. Probamos distintas posiciones, pero sin duda, estar abajo y notar el peso de otro cuerpo encima de mi pecho fue la mejor.

¿Me arrepiento? Para nada. Ya sé lo que es. Y es un acto de una inmensa confianza. Me siento liberada, como si el perro que siempre me perseguía cuando pensaba en mi virginidad, con ese estúpido cartelito colgando de su cuello donde se especificaban las palabras "virgen", "inexperta", "novata", "no deseada" y muchas más, se hubiera esfumado con el rabo entre las piernas.

Me llevo un muy buen recuerdo de esta primera vez, y aunque fue fruto del momento e improvisamos sobre la marcha, fue lo suficientemente especial como para sentirme bien conmigo misma sobre lo que hice.

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