sábado, 20 de julio de 2013

Amor sobrevalorado

Y aunque ahora me retracte de las palabras anteriormente escritas, el amor no vale una mierda.

¿Para qué sufrir? ¿Somos masoquistas por puro placer? Tras un año y medio de sacrificio sin resultado, tras miles de palabras escritas en un pequeño diario, tras remordimientos de conciencia a las cuatro de la mañana, tras incertidumbre sobre mi propia coherencia por miedo a que se asuste y salga corriendo, he llegado a la conclusión de que estar enamorado es una puta mierda. Así de claro.

Lo tengo cerca: sufro. Lo tengo lejos: sufro. ¿En qué cojones quedamos?

Quiero abrazarlo, empotrarlo contra una pared, besarlo y hacerle sentir lo mucho que le quiero, pero a la vez quiero que esté lejos de mí, porque las ganas de vomitar, el tembleque de mis piernas y el rojo de mis mejillas me joden. Y mucho.

¿Y por esto lucháis tanto? ¿Para sentiros miserables? ¿Para tener un dolor físico y psicológico que no seréis capaces de controlar? ¿Para que a la primera de cambio se largue con una princesa de saldo y esquina como muy correctamente describió Sabina a las putas de barrio?

NO, GRACIAS.

Estoy hasta los mismísimos de sentirme poca cosa, de pensar que no soy suficiente y de que todas las demás son mejores que yo. "¿Y cómo piensas eso, si tu vales muchísimo?", me dicen.
¿QUE VALGO MUCHÍSIMO? Dime, querida, si tanto valgo, ¿por qué no soy suficiente para la persona a la que más esfuerzos dedico? ¿Por qué aquellos que solamente se llevan mi mejor parte la desprecian y la tiran como si una espina de pescado apestoso se tratara?

Necesito reciprocidad. Necesito que aquella persona que quiero que vea lo mucho que dicen que valgo, me haga creer que realmente lo valgo. Pero si todas mis buenas intenciones acabarán en la basura de este tío como un puto cupón de los yogures Danone, entonces paso.

Jugamos a un juego en el que solo tenemos una décima parte de una posibilidad entre siete millones de personas que somos a encontrar alguien que sepa apreciar nuestros esfuerzos (y que luego te los recompense con agradable, exquisito y explosivo sexo, claro está). Y con la suerte que tengo, a este paso esta persona estará extinta como los dinosaurios. O peor.

Aunque probablemente lo más penoso sea que voy a seguir estando enamorada, muy a mi pesar, durante muchísimo, muchísimo tiempo.

Hay que joderse.

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