Supongo que nadie es capaz de ponerse realmente en la piel de otra, ya que todos sentimos de manera distinta.
Pero, ¿acaso mi dolor es menos doloroso que el de otro? ¿O viceversa?
Cuando has pasado los últimos cuatro años de tu vida sumida en una depresión, sin ser capaz de sentir nada más que pena, tiendes a encojerte y a no molestar a los demás con mis cambios de humor. No hay otra opción, es algo que elegí en su tiempo y me ha condicionado la vida desde entonces.
Pero nadie que no haya pasado por esa fase es capaz de entender el esfuerzo que supone cada acto, ni tampoco es capaz de imaginar el dolor que se esconde en cada sonrisa. Se habla mucho de ello en Facebook, en Tumblr y en Twitter, pero la vida real es más cruel, y cuando te atrapa la depresión, cuesta mucho salir.
No quieres hacer daño a las personas que te rodean, pero lo haces incluso sin querer. Y lo único que te consuela es que cuando la post depresión ataca, saber que estarán allí cuando todo acabe.
Y otra cosa que cuesta mucho, muchísimo, es pedir perdón. Así que.... Lo siento.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Mi amiga la depresión
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