La depresión postvacacional acaba de llamar a mi puerta y la he dejado entrar campando a sus anchas, tomandose un te en mi sillón de mimbre mientras el camarero le serivia un croissant. Es obvio que no quiera largarse, aquí está divinamente.
Y que cojones, volver a la realidad es duro. Esta maldita rutina que nos obliga a recordarnos cada día que no tenemos lo que queremos, que podríamos ser mas felices si, que no disfrutamos plenamente del presente. Pasas unos dias perfectos donde nada te preocupa y de repente el mazazo, te acuerdas de que él no te quiere. Que espere dice, que un año no es nada replica... ¿Qué sabe él de todos los sueños que me he guardado debajo del hedredón? En fin, otra vez la misma historia.
No sirve de nada decir que me cansa, que me harta, que me agota. Que necesito un cambio y no llega. Siento que me estanco en una vida donde no venden tabaco por ningun bar, un páramo silencioso donde los unicos compañeros son tres pájaros más desterrados por haberse portado mal. Que asco da la realidad, quiero volver a soñar.
Esperar y esperar. Siempre se tiene que esperar para todo. Espera para ser feliz, espera para ver a, espera para ir a, espera para vivir. Yo ya no se ni para que espero chico, solo quiero empezar. La desconexión es una manera de empezar, pones en pause una vida y empiezas otra de cero y por eso es tan adictiva. Porque es activa, y la otra cansa. "Estoy harto de vivir huyendo siempre del pasado" pues eso, que me he cansado ya.
Muy harta hoy de toda la mierda que se encuentra una al darle el play a la gente de Barcelona. Deseando desconexión.
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