miércoles, 11 de diciembre de 2013

El cielo está encapotado, ¿quién lo desencapotará?

Hoy he mirado al cielo detenidamente en vez de a mis pies mientras andaba de regreso a casa, y me he fijado en que parece que viva dentro de una pequeña bola de cristal, de esas que venden como souvenir en Rusia, sí. Las que tienen pequeñas partículas blancas en su interior que hacen la función de nieve. Ésta cubre ligeramente una casa perfecta, con algún animalillo perfecto dentro, o tal vez una pareja perfecta, o yo qué sé. Algo realmente bonito, que te hace pensar en la belleza de las cosas.

Pero aquí no hay nieve.
No hay animalillos adorables.
No hay pareja perfecta.

Y aún así, he reducido el paso para caminar más lentamente y poder observar detenidamente pequeños detalles. He llamado a mi hermana por teléfono y hemos hablado durante una hora de nada, riendo a más no poder, contándonos anécdotas. He visto como un chico con dificultad para caminar intentaba llegar antes que yo a su destino, y con una sonrisa, hemos hecho una carrera silenciosa hacia un mismo punto, siguiendo distintas rutas. Me he fijado en un chico joven, en el metro, que era tan alto que tenía que encorvar el cuello para caber dentro del vagón. He notado la cara de aprobación de un señor mayor cuando he sacado un libro del bolso y me he puesto a leerlo. He dormido la siesta cuando el cuerpo me lo pedía. He hecho planes con mi padre para ir al cine. Y todo esto, me parece bonito. Espléndido... Maravilloso.

Hoy he saboreado la vida de otra manera; he comprendido lo que significa vivir.

Y aún así, no me quito esta sensación del cuerpo. Esta que me dice que algo anda mal, que no todo es tan bello como quiero creer. Que algo sucederá.


Tengo miedo...

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