martes, 24 de diciembre de 2013

Sin ganas

Y a veces siento como la gravedad me aplasta contra el suelo, cortándome las alas, impidiéndome volar. Gritandome al oido que no hay salida en este pozo de mierda sin fondo. El cuerpo me pesa y me cuesta más moverlo, ni siquiera me apetece hacerlo. Últimamente ya nada me apetece. El bachillerato ha entrado en mi vida como un gigante preparado para romper mi vida en pedazos, pedazos tan pequeños que es imposible hacer nada de los escombros. Todo lo que había construido, convertido en polvo. Mi luz, agotada. Hace un año me moría de ganas de comerme el mundo, y estos meses el mundo se me ha comido las ganas. Me siento como si la vida me hubiera tirado un cubo de agua helada en la cara.

Hoy he mirado a mi primo de tres años a los ojos mientras le hacía cosquillas y reía como un loco, para evitar que se diera cuenta de que su madre estaba llorando en la habitación de al lado. He conocido pureza e inocencia en su mirada, sus ganas de, todo lo que le queda por delante, y he roto a llorar. No hay lugar para esta criatura en un mundo tan frío. No hay nada como vivir ajeno a la realidad, hasta que esta irrompe en tu vida irrevocablemente. No hay nadie que pueda prepararte para eso.

Al fin y al cabo no somos más que pedazos de carne paseando por la coraza de un trozo de pierda perdido en el espacio, creyéndonos mucho y sientiéndonos muy poco. Todos merecemos ser salvados, sí, pero dudo que quede alguien capaz de salvar a nadie. En realidad, todos estamos igual de jodidos. Ya nadie sabe nada.

Siempre ha habido dentro de mi una voz que chillaba que el mundo andaba mal, otra que la consolaba diciendo que todo iba a ir bien. Que las cosas no están tan mal. Que hay mucho bien en este mundo. Que hay amor, hay cariño, hay generosidad. Pero últimamente la primera tiene respuestas para todo, cargándose cualquier solución que propusiera la segunda. Hay amor, si, ¿pero que más es el amor que nuestro desesperado intento de dar sentido a nuestra vida y convencernos de que en realidad no estamos tan solos como nuestro subconsciente nos hace sentir?

Hace unos años sentía que el mundo era demasiado pequeño para mi. Que no estaba preparado para las grandes cosas a las que estaba destinada. Y ahora lo entiendo, ahora miro a mi alrededor y lo se: el mundo es muy grande, y yo, muy pequeña.

Y ya no queda nada por lo que luchar: ni motivos, ni ganas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario