martes, 26 de noviembre de 2013

Saying goodbye

Nothing tastes as bitter as goodbyes feel.

Do you know that exact moment when you get on the plane, a while after you said goodbye, and it suddenly hits you: you don't know how long it's gonna be until you see that person again, you're going back to skype and facebook messages, you're losing them once again.
And then you feel it, at that exact moment you literally feel your heart breaking and suddenly you can't breathe. The pain becomes phsical, you can feel your chest exploding, you feel your eyes getting filled by tears. But you don't cry. You just stay there, really still and really quiet, hoping for it all to go away.
Knowing there might be other people in that plane, feeling the exact same thing and suffering in silence.
You promise to yourself that you won't lose it. You save the tears for later. You know you're gonna break down as soon as you go to bed and you're all alone with your thoughts, when no one can see or hear you cry.
You hate how much they mean to you, how impractical you are for getting attached to someone who lives so far away from you. How can you be expected to go back to your regular life after being reminded each and every reason why you need that person next to you?
You remember how excited you were about seeing them again, how long you'd been looking forward to this, and now suddenly it's over. How long is it gonna be this time? Three months? Five? Seven? Maybe you have a fight, or something happens, and you never see each other again. Only even thinking about that makes you sick.

And then, all of a sudden, you're not angry nor sad, not even frustrated. You just feel... numb.


There's nothing worse in this world than having to say goodbye to someone you care about, and some of us have done it way too many times.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Una palabra que empieza por M.

Ha pasado casi un mes desde que "el cambio" empezó.

"El cambio" implica una reforma interna, un reseteado, ese esperado cambio de chip. Implica sacar todo aquello que una vez me callé, toda esa negatividad acumulada, ese dolor interno que me guardaba para mí. Sin mirar atrás.

Sin pensar en las consecuencias.

Y lo hice. Fui capaz de encontrar los cojones que me faltaban, de darme un empujón y rugir como una leona, y por increíble que parezca, crea un resultado.

Aunque no ha sido 100% bueno, la verdad sea dicha.

Aquellas personas que me ayudaron a cambiar, ahora las siento distintas. Aparentemente, nada ha cambiado; pero sé que no me siento igual cuando pienso en ellas (este ha sido el cambio negativo).

En cambio, han aparecido otras personas que me plantean una serie de cambios nuevos, que me dan el empujón sin tan siquiera preguntarme si lo quiero, porque saben que es lo que realmente necesito, y me deja anonadada. Es increíble lo que puede pasar cuando las personas conectan. No hay necesidad de palabras, ellas saben de lo que hablo.

Y luego está ÉL. Un día, dejó de ser mi mundo, todo aquello que importaba desde que amanecía hasta que anochecía en mi vida. Y ¡PUFF!. Ya no está. Ya no duele mirar atrás, ni pensar en él, ¡al contrario! Hasta me hace gracia y lo recuerdo con ternura...
Lo pava y niña que era en cuánto a lo que él se refería, a mi inseguridad y mi indecisión. A las reacciones taaaaaan adolescentes que tenía. Y se me pone una sonrisa en la cara cuando pienso en los últimos dos años. 

Pero, ¿por qué? Hace un mes, era incapaz de seguir adelante si él no estaba en mi vida, y ahora... ¡VUELVO A REÍR! Es una sensación tan agradable poder recordar todo aquello que alguna vez te causó daño con un poco de humor... Me siento una anciana que mira hacia su juventud y disfruta del viaje al pasado (aunque no sea muy lejano). 
Y lo único que se me ocurre, es que he aprendido a aceptar que tengo mi parte de niña, que no lo sé todo al fin y al cavo, que me quedan muchísimas cosas por vivir, que aunque la vida sea corta estoy en el principio y aún me queda muchísimo tiempo, que tengo derecho a equivocarme y a rectificar. Y a esta aceptación que tanto me ha costado hacer creo que se la conoce como "madurar".

M A D U R A R. Uau. Qué palabra. Esperemos que sepa cómo lidiar con la calma que me he concedido a mí misma y que piense dos veces antes de actuar. Pero de esto trata la vida, de vivirla. De hacerlo lo mejor que lo sepamos hacer. 

Qué jodía ella, no me ha dejado darme cuenta de todo esto hasta ahora. ¡Cabrona! :)

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ayer te eché de menos

Ayer te eché de menos y no se porqué. 
Después de unas semanas de paz y de repetirme que todo iba a ir bien, vuelve a dolerme escuchar tu nombre. 
Ayer te eché de menos y me pregunté si tú estarías pensando en mi. ¿Piensas en mi a veces?¿Te acuerdas de mí las noches que no está ella para darte calor? Me pregunto si te arrepientes de algo. Me pregunto si me echas de menos, si en algún momento llegué a ser suficientemente importante para ti como para poder llegar a echarme de menos. No hablo de los besos, de Mallorca, de la noche en la playa. Me dejaste claro que eso significó poco para ti. Pero, ¿y lo que tuvimos antes?
Creo saber con un grado elevado de certeza que me consideraste tu amiga, y culpo lo que hiciste en tu falta de inteligencia emocional y de saber afrontar las situaciones.
Ayer te eché de menos, y hoy, con la mente clara, me planteo si me he estado equivocando. Me gustaría hablar contigo, aunque sea una última vez. Atarte a una silla para que no puedas huir de la situación, como estoy segura que te encantaría, y darte alguna pócima para que no puedas mentirme y cubrirlo todo con palabras bonitas; porque sabes que las palabras bonitas me pierden. Porque sabes que te voy a creer me digas lo que me digas si lo dices susurrando y mirándome a los ojos. 
Me gustaría hablar contigo y preguntarte porque desapareciste. Me gustaría saber realmente lo que has pensado todo este tiempo. 
Ayer tuve una noche triste. De esas que estás triste y no sabes muy bien porqué, y no quieres hablar con nadie, solo quieres estar triste en silencio. De esas que estás triste pero no importa, porqué sabes que la pena se habrá ido con el alba. Ayer tuve una noche triste, pero sé que a ti no te importa. Sé que probablemente soy la última persona en la que piensas, y que no te has acordado de mi en meses. Pero yo si que pienso en ti. Ayer tuve una noche triste, y lo único que quería era un mensaje tuyo. Nada romántico, hace tiempo que te dejé ir en ese sentido. Solo un mensaje cualquiera. Contándome tu día, preguntándome por el mío. Lo único que necesitaba era un poquito de tí, un respiro para calmar el síndrome de abstinencia. 
Pero, igual que todas las otras noches, no llegó, y sé que esta noche tampoco va a llegar. 

Estoy intentando dejarte ir, lo juro. Con todas mis fuerzas, pero es más difícil de lo que parece. Tu no lo entenderías, aunque lo intentases, aunque algún día leyeras esto. Lo estoy intentando, te lo prometo. 
Y aun así, aunque hayan pasado dos meses, sigue doliéndome oír tu nombre. Sigo incapaz de sacar tu camiseta de la caja donde encerré todos los recuerdos, todos los trocitos de ti que dejaste atrás. Sigo incapaz de mirar una foto tuya sin derrumbarme. 
Sé que solo hay dos opciones: que vuelvas, poder volver a tenerte en mi vida de cualquier forma, o resignarme y desintoxicarme de ti. La primera no depende de mi, y la otra cada vez me cuesta más creer que lo haga. 

Hoy también te echo de menos, y sé que no estás pensando en mí.