Si pasas a mi lado por la calle, ni te darás cuenta de que estoy allí.
Y mira que hay señales, señorita. Pelo rojo a más no poder. Mujer de metro setenta y cinco pálida y con ojeras. Una pechonalidad y un cuerpo.... bueno, prominentes.
Ojos corrientes. Voz corriente. Personalidad rallando lo aburrido... ¿Qué tengo de especial para que te fijes en mí?
Pues déjame decirte, "querida" sociedad, que valgo mucho más de lo que me haces creer.
Soy una persona culta, con unos niveles de imaginación que rondan el término "BRILLANTE". Tengo buenos modales y buena presencia. Soy extrovertida, alegre y simpática si me caes bien, y no hago daño con palabras por placer. Disfruto del don de la curiosidad, y de un pequeño nervio que me incita a viajar. Trabajo duro por aquello que creo que vale la pena, y confío en mi criterio con una fe ciega. No trato a las personas que me rodean como no me gustaría que me tratasen a mí, y eso no es un principio, es una puta filosofia de vida.
¿Por qué se me tiene que juzgar por mi aspecto exterior? ¿Por qué unos ojos bonitos, una sonrisa coqueta, unas curvas en su sitio o una carita adorable tienen que ser más importantes que mi persona?
¿Qué pasará si mi "alma" se transforma en algo sin apariencia física? ¿Sí que importará mi yo interior?
Pues déjame chillarle a los cuatro vientos que me importa una puta mierda tu manera de cualificar a las personas. La encuentro grosera, burda, detestable y vulgar. Y mis motivos tengo. ¿Es que una mujer de la era de piedra con un poco más de cerebro procreaba menos que una mujer sin entrecejo? Porque si no llega a ser por su inteligencia, nosotros no estaríamos leyendo ni escribiendo rabietas en un lugar llamado Internet.
Así que sociedad de los cojones, métete tu superficialidad por el culo, que ya he tenido suficiente de ella para toda una vida.
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