sábado, 24 de agosto de 2013

Se me agotan las palabras

Hay días que te levantas con ganas de no salir de la cama, o de meterte en otra a ahorcarte entre caricias y abrazos. Hoy es uno de esos días.

Lo malo de querer a alguien con tanta fuerza es que al irse te crea miedos y inseguridades que no te quitaría ni el ácido más corrosivo que se pueda crear. Deja un vacío que al parecer ninguna otra persona será capaz de llenar. Y le echo de menos joder. Le echo de menos más de lo que nadie podría llegar a imaginarse jamás porque no saben lo duro que es vivir con esto dentro, esta explosión de fuegos contenidos que se empeña en salir a la luz. Que no, que hoy tampoco toca besar su boca.

Lo que no puedo entender es como a pesar de todo puedo seguir. Me levanto, caigo. Sonrío, caigo. Avanzo, caigo. Que mareo este vaivén que no cesa. Y ojalá alguien pudiese rescatarme. Como ese caballo blanco de Santiago del que tanto hablan las abuelas.

De pequeña me enseñaron a creer en las cosas grandes. En el amor a lo bestia y a contracorriente. Los príncipes enamorados al instante y los besos curativos. Estúpido y sensual Disney, que adictivos suenan ahora esos cuentos de princesas destinadas a ser rescatadas. Deseaba ser una de ellas, vivir todas esas historias con final feliz. Hoy me doy cuenta de que las cosas grandes van a menos, y lo que valen son las miradas residentes en los espejos de los bares. Los paquetes de tabaco a medias. Los whats app de madrugada. Los "te echo de menos pelirroja". Y la risa que se le escapaba por debajo de la nariz cada vez que mi pelo se interponía en uno de nuestros besos. "Me encanta besarte el pelo" decía, y reía deseando que me rapara al cero solo para no tener que parar de besar.

Las pequeñas cosas nos atrapan, nos envuelven y no nos damos cuenta de ello. Un día sueñas con su mirada de pájaro y ya estas perdida. Que difícil se vuelve todo siempre, chica. No sé de dónde vienen estas ganas de explotar en mil pedazos.


Desconexiones y esas cosas

Metro. Gente. Pisadas. Humo. Contaminación. Agovio. Problemas. Barcelona. Rutina. 
La depresión postvacacional acaba de llamar a mi puerta y la he dejado entrar campando a sus anchas, tomandose un te en mi sillón de mimbre mientras el camarero le serivia un croissant. Es obvio que no quiera largarse, aquí está divinamente.
Y que cojones, volver a la realidad es duro. Esta maldita rutina que nos obliga a recordarnos cada día que no tenemos lo que queremos, que podríamos ser mas felices si, que no disfrutamos plenamente del presente. Pasas unos dias perfectos donde nada te preocupa y de repente el mazazo, te acuerdas de que él no te quiere. Que espere dice, que un año no es nada replica... ¿Qué sabe él de todos los sueños que me he guardado debajo del hedredón? En fin, otra vez la misma historia.

No sirve de nada decir que me cansa, que me harta, que me agota. Que necesito un cambio y no llega. Siento que me estanco en una vida donde no venden tabaco por ningun bar, un páramo silencioso donde los unicos compañeros son tres pájaros más desterrados por haberse portado mal. Que asco da la realidad, quiero volver a soñar.

Esperar y esperar. Siempre se tiene que esperar para todo. Espera para ser feliz, espera para ver a, espera para ir a, espera para vivir. Yo ya no se ni para que espero chico, solo quiero empezar. La desconexión es una manera de empezar, pones en pause una vida y empiezas otra de cero y por eso es tan adictiva. Porque es activa, y la otra cansa. "Estoy harto de vivir huyendo siempre del pasado" pues eso, que me he cansado ya. 

Muy harta hoy de toda la mierda que se encuentra una al darle el play a la gente de Barcelona. Deseando desconexión.

martes, 20 de agosto de 2013

Supongo....

Supongo que después de tanto tiempo sigues pensando “vaya, qué tía más plasta", y por eso no contestas a mis inútiles intentos de preocuparme por tí.

Supongo que ya tienes todas tus necesidades vitales cubiertas: amigos, una buena relación con tu padre, tu madre contenta por que la vayas a ver de vez en cuando, una chica por la que te comes la cabeza pero pasa de tí... Lo normal en la adolescencia.

Supongo que aquello que me dijiste de que aunque me costara creerlo, te alegraba saber que alguien se preocupaba por tí, no eran más que unas meras palabras que soltaste en aquel momento, sin pensar.

Mi cabeza está llena de suposiciones dolorosas, de comparaciones sin fin relacionadas contigo que impiden día tras día que yo pueda ser feliz...
¿Por qué él no es cómo tú? Tan perdido y solitario, tan en su mundo, tan callado y tímido, tan reservado para su felicidad hacia los demás, tan sincero pero a la vez tan misterioso respecto a lo que piensas, tan sencillo y tan vivaz, tan elocuente con los coches, tan joven y lleno de energía, que nunca desperdicias en alguien que no la sepa apreciar. Tan grande y tan pequeño, tan inexperto como los demás.

Supongo que nuestra amistad fue una versión ficticia de unos hechos, que yo nunca llegaré a presenciar.

miércoles, 7 de agosto de 2013

It's gonna be okay

"Don't feel you can't hande all this life
'Cause you,
You're loved and you're alive"
-Loved and alive, Jim and the Povolos

It's okay. There's no need to be overdramatic.
These things happen. People catch feelings, and they get hurt every once in a while. There's no shame to it.
It's not that bad, now I feel like I can move on with my life. The pain will go away.

This whole thing doesn't mean you're weak, I tell myself, it means you're getting stronger.

He wasn't the first one and he won't be the last. There'll be other guys after him, that will love me the way he couldn't.

Why hold on to him?, i tell myself, you're young and you're beautiful and you have a lot to live.

In a month, it won't hurt anymore.
In a year, I'll look back and laugh at myself.

There's no point in locking yourself in your bedroom, I tell myself, things are gonna be fine. You are gonna be fine.

He doesn't want my feelings, and that's okay. I can't blame him for not feeling what I want him to feel; but I won't cry no more because he doesn't deserve my tears.

I'm gonna smile and I'm gonna go out and live, 'cause everything is gonna be okay.

This is just the way life is, I tell myself, we all get hurt sometimes. And then we heal.

" We're just kids who feel and sometimes we feel different to others, and there's nothing we can do about it.
But none of it matters, as long as you know what you felt was real"
- My very special Irish friend.

"Siempre que pienso en el futuro no imagino nada." + cambio de planes

¿Qué voy a estar haciendo en esta misma fecha dentro de 10 años?

Pienso, pienso y sigo pensando, y no tengo ni idea de dónde voy a estar en Agosto de 2023.

¿Existirán los coches voladores? ¿Unas gafas que proyecten a un profesor virtual y que te enseñen sin que tengas que levantarte de la cama? ¿Seremos más estúpidos, o más inteligentes? ¿Qué aspecto tendré?
¿Habré viajado a la India o a Japón? ¿Tendré algún hijo? ¿Y pareja?

Una de las carencias que se pueden observar en las inquietudes anteriores es el trabajo. No necesito saber de qué trabajaré en un futuro, ya que mientras pueda comer y dormir en algún sitio y pueda disfrutar la vida al máximo, el trabajo, mi salario o las dimensiones de mi hogar me importan tres pepinos y medio.

Pero hay algo que realmente me preocupa de verdad... ¿Seré feliz? ¿Seré capaz de disfrutar de esos pequeños momentos que me brindará la vida? No quiero estar amargada ni estresada pensando que los mejores años de mi vida se han esfumado y los he desaprovechado completamente.

Dicen que la buena vida empieza en los primeros años de universidad... Pero yo aún no he elegido ese camino. ¿Significa que esta experiencia de al vida va a condicionar el que sea feliz o no?

Ahora mismo, lo único que me llena son los libros (su olor, esa textura, volver a releer palabras ya previamente leídas, los recuerdos y las sensaciones que te transmiten...). Fotografías que me sacan una sonrisa. La compañía de mi hermana, de su novio y mi amigo, y de su madre. Mis dos mejores amigas.

Y se acabó. La lista es corta. No creo que sea necesario ampliarla, porque de momento me basta. Esto es más que suficiente. Pero... ¿Y dentro de unos años? Me aterra pensar que seré un fracaso o un despojo humano. Un ser más que si desapareciera le haría un favor a al sociedad. Me aterroriza imaginar que no voy a tener ideas propias, o que estas supongan una forma de rebeldía demasiado radical. Me asusta que aquellas personas que significan tanto para mí se alejen y desaparezcan de mi vida como si nunca hubieran estado allí, como si no hubieran existido jamás...

Esto es lo que tenía pensado publicar. Pero entre hora y hora... Las cosas han cambiado.

Os contaré un poco mi historia, pero la intención no es centrarse en mí. Es centrarse en una personita que estuvo muy presente en mi vida cuando desde que nací hasta que cumplí los cuatro años.
Su nombre es Mireia. Nos llevamos 1 día exacto (yo nací el 30 de marzo de 1995 y ella el 31 de marzo de 1995). Crecimos juntas en una pequeña guardería de pueblo, y formábamos un pequeño grupo de aventuras inseparable junto con Arnau (del 29 de marzo) y Paula (del 2 de abril). A parte de nuestra relación infantil, nuestros padres habían encontrado un grupo con el que relacionarse, y la amistad pasó de pequeños a grandes.
Al cumplir los tres años, me sacaron de esa guardería, supongo que buscando la mejor opción para mí, y no tuve demasiados problemas para adaptarme.

Estos tres amigos que había hecho de pequeña, desaparecieron como dos peces de hielo en un wiskey on the rocks (como bien describió Sabina los momentos efímeros). Pasaron los años, y hasta que no cumplí los trece, no volví a recordar sus cares, ni me pregunté qué habría sido de sus vidas, o cómo les irían las cosas. Simplemente eran recuerdos de infancia, escondidos en recónditos lugares de mi mente, temerosos de salir a la luz del sol. Pero todo cambió el día en que me dijeron que Mireia tenía cáncer. Mireia tenía cáncer. ¿Cáncer? ¡Cáncer! ¡Por el amor de Dios! Solamente teníamos trece años, un cáncer debería ser la última de nuestras preocupaciones. Mi madre me contó que había empezado como un dolor de pierna sin importancia... Y que al final, lo que pensaban que era una lesión del básquet o un virus persistente, resultó ser un osteosarcoma en la pierna derecha.

Mireia no aceptaba visitas, no quería que nadie la viera sin pelo, en los huesos, con amargura al ver a pena de los demás. Y era mucho más que comprensible. Me dediqué a escribirle una carta diaria durante tres meses, pero nunca las envié. ¿Qué derecho tenía yo de reaparecer en su vida? ¿Se lo tomaría como que era el cáncer el que movía mis intenciones lastimeras hacia ella?
No quería molestar, pero al mismo tiempo preguntaba a Paula cómo iban las sesiones de quimio, cómo se sentía Mireia, si la podría visitar algún día...

Pero el tiempo volvió a pasar. La constancia nunca ha sido una de mis mejores virtudes, y al final el olvido lo tapó todo como un manto negro, sin opción de retirarse. Y la ví. Por esa época, yo bailaba con Paula en una academia en el pueblo, y vino a vernos actuar. Fue verla, abrazarla y ponerme a llorar; lloraba por mi estúpida inseguridad, por esos veranos que nos veíamos un par de semanas y los pasábamos en la playa de Palafurgell, por todas y cada una de esas fotografías que conservaba en mi cuarto de todas las aventuras que vivimos juntas. Y también lloraba porque finalmente podía abrazarla y decirle sin temor alguno "Estoy aquí. Ya ha pasado todo."

Ella no sabe lo mucho que me afectó su enfermedad. Creo que fui un "daño colateral del cáncer". No solamente sufre el portador de la enfermedad. Sufre su familia, sus seres queridos en general. Y el hecho de ver a tus seres queridos pasarlo mal debe de ser la visión más devastadora que pueda haber jamás.

No sabes lo mucho que ha significado para mí, Mire, que te hayas decidido a escribir un libro. No sabes lo valiente y fuerte que eres en realidad por volver a revivir todo lo que ha supuesto esta historia. Te ha hecho ser quien eres, y la verdad es que eres GENIAL. Ya solo con el prólogo he soltado más de diez lágrimas contenidas...

Si queréis leer el libro, entrad en http://unavidaunrelat2013.com/ . Está en Catalán, la nostra llengua materna.

T'estimo petita, encara que ens haguem distanciat.








viernes, 2 de agosto de 2013

Nunca una traidora.

¿Acaso amar es algo malo? ¿Preocuparse por una persona y hacerle sentir que estás ahí? ¿Y acaso está mal al ver que no recibes, reclamar un poco de atención?

Luego mucho decir que a las mujeres nos baja la regla y que tenemos muchísimos cambios de humor, pero a vosotros chicos a veces os juro que pienso que os sangra la polla.

¿Qué cojones os pasa? ¿Que si un tío os da a entender que es vuestro amigo, os parece genial, pero si lo hace una chica, ya es preocupante?

Mis niveles de paciencia se están agotando, y el día que envíe a la mierda a alguien, será para no volver a recojerlo nunca más.

Y el que avisa, no es traidor.

Refelxionando

Simplemente me pregunto por qué nunca soy suficiente ni para nada, ni para nadie.

Estos sentimientos autodepresivos no ayudan a levantar cabeza, pero tampoco tengo una solución clara de cómo cambiar de chip.

Creo que mis principales frustraciones son mi cuerpo fofo y mi mentalidad destructiva. Nunca me dejo en buen lugar a mí misma, ya que mi autoestima es nulo.

Y aunque de cara al exterior parezca que me encanta ser quien soy, no es verdad. Odio este ser repulsivo en el que estoy atrapada.

Quien pudiera estar a gusto consigo misma...

No es justo

Es imposible deshacerse del dolor. Lo he intentado. He intentado no pensar en el, he intentado distraerme y mantenerme ocupada, he intentado mirarme la situación de otra forma y ser positiva. Pero no puedo.
No puedo porque por mucho que la evite tengo una frustración encima que no hay quien me quite. No puedo superarlo porque no ha terminado, ni siquiera se si empezó en algun momento. No puedo porque el problema no es que lo "nuestro" no funcione, que no estemos hechos el uno para el otro, que hayamos discutido o que ya no nos queramos. El problema es que no puede ser porque el vive en la otra jodida punta del mundo.
Nunca me ha frustrado tanto tener 16 años. Realmente me jode porque no depende de mi. Después de un año sin vernos hemos pasado juntos 10 dias, 10 dias perfectos. ¿Y ahora que? ¿A esperarme sentada hasta el año que viene?
Ojalá el no fuera tan especial. Me sería mucho más fácil, no me costaría encontrar a alguien en Barcelona. Pero después de estar con él ya no podré conformarme con nadie, ya que nunca he conocido a nadie de mi edad tan inteligente, tan culto, con una dulzura estraña que aparecía exactamente en el momento más adecuado.
Me muero por hablar con él pero no se que decirle. Él siempre sabía que decir.
Tengo miedo de descubrir que no me echa de menos. Que ha seguido con su vida como si nada. Que para el esto no ha significado tanto como para mi. Y es que, en realidad, estaría en su derecho. Es mi culpa. Siento demasiado, demasiado deprisa y con demasiada intensidad. Con el tiempo tienes que adaptarte a que los demás sigan un ritmo distinto, por mucho que duela.

Por las noches siento un vacío frío y doloroso en el pecho. Es sorprendente como el dolor psicológico puede llegar a producir dolor físico. Y es que es así, es dificil de entender si nunca has tenido a alguien muy especial lejos de ti, pero los echas de menos hasta el punto que duele físicamente. Siento punzadas en el pecho y una voz que chilla desde dentro de mi: No es justo. Y es que no lo es.
Esperaba con ansias estos diez días, pero ahora que se ha ido solo lo han empeorado todo. Me han recordado todos y cada uno de los motivos por los que me gusta tanto. Y nunca, jamás, me ha dolido tanto tenerlo lejos como me duele ahora mismo.
Aun así, lo que duele más no son los recuerdos. Lo que duele más es todo aquello que podría ser y que nunca será. La relación normal que podríamos tener y que nunca tendremos. Por que se que, a parte de algunos días esporádicos cada verano, nunca podremos estar juntos. Sencillamente no es posible y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

La vida te da aquello que siempre has buscado, aquello que has querido toda tu vida, y te lo deja durante un tiempo breve, el suficiente para que te des cuenta de que aquello es todo lo que necesitas para ser feliz, que no puedes vivir sin ello, y entonces te lo quita.

Y entonces ya no hay nada. Solo frío y oscuridad.

jueves, 1 de agosto de 2013

Siento demasiado.

Siempre he pensado que siento demasiado. Las cosas me afectan e importan en un grado más elevado de lo normal, y lo único que eso me produce es dolor.
Hay días que me siento querida y comprendida y me duermo con una sonrisa en la cara.
Hay días que alguien no me ha dicho aquella palabra que  ansiaba escuchar, que alguien me ha dejado colgada, que alguien se ha mostrado más frío conmigo que normalmente, y me voy a la cama deseando darme cabezazos contra la pared hasta que el dolor físico me impidiera sentir nada.

El 90% del tiempo desearía poder dejar de sentir. Dejar de preocuparme por la gente. Me odio a mi misma por ser tan sensible, tan débil, tan fácilmente herible.

Pero una vez, alguien sabio me dijo:
"Cariño, es el día en que dejen de importarte las cosas el día que tendrás que preocuparte."

The sun will always rise

It doesn't matter how dark it is right now.
Even in the darkest times, the sun will always find a way in. And,
when you see the fragile stray of light struggling to sneak in, hold on to it. Embrace it, let it make its way in and let it bathe you in its warmth, for that is the only way out.
Keep on mind that the sun will always rise.

You deserve to be saved. We all do.