sábado, 20 de julio de 2013

Imaginándome a la tonta con el tonto que me hizo llorar

Y como todas las historias de amor acabó con un final terrorífico. Fin.

Nadie cuenta los lloros de la princesa cuando ve a su principe verde, azul y amarillo largarse con una cualquiera por puro despecho y por pura lujúria. Ojalá que todos esos caballeros andantes que juran amar con ansias a sus doncellas acaben dandose cabezazos contra un muro porque han perido su tesoro mas preciado. Que sus déviles mentes les hagan recordar los besos y los dedos (alargados y finitos) de sus queridas mientras esten en las camas de las putas de barrio.
Vale, lo reconozco, igual me he pasado llamándola puta si ni la conozco. Pero no esperen tampoco que le monte un camino de rosas. 
Que de las mil y una mentiras que soltó ese cretino por la boca, solo me creí una. Que me queria. Y puse en silencio mi conciencia cuando me di cuenta de las mil y una verdades que nunca diria. 

Tego ganas de mandarle a la mierda, de ser todo lo que el quiere que sea para regalarselo a otro. Quiero regodearme de la poca falta que me hacen ya sus caricias, por muy incierto que sea. Quiero deshacerme del cadáver que escondió en mi rostro el día que se fue con la tonta, el día que llore por un medialágrima. 

Y como en todas las historias de amor acabó durando más el olvido. Fin.

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